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martes, 15 de febrero de 2022

La Tragedia de Macbeth - 2021 - Joel Coen

Un nuevo Macbeth que nos trae en este caso Joel Coen.

Tiene muchas cosas buenas, y desde mi punto de vista también algunas regulares. En las buenas está el propio Denzel Washington, que se adapta muy bien al personaje, y lo que quizás pudiera parecer más difícil, también adapta muy bien el personaje a su modo de hablar y actuar, sin tener  miedo al clásico, pero con respeto. Quizás sea la propia adaptación la que no sea muy generosa con él, porque recorta escenas como la de la cena, y además las simplifica, lo cual es una apuesta arriesgada, porque es clave en la historia, y en el desenvolvimiento del personaje. En general es un Macbeth bastante físico, y eso me gusta. De hecho, quizás esto sea pecado, me ha gustado mucho algo que tiene poco que ver con Shakespeare y bastante, supongo, con el director, la anteúltima pelea del protagonista; si se hubiera atrevido a construir un Macbeth así hubiera resultado una versión memorable.

Lo contrario digo de Lady Macbeth, a priori la elección de la protagonista no tiene un "pero": Frances McDormand, musa de los Coen y excelente actriz que no es necesario que yo alabe aquí. Sin embargo hace una Lady Macbeth, un tanto blanda. Tampoco en esto ayuda la adaptación, que en general dificulta las transformaciones de los personajes a base de recortar el texto. Me queda la sensación de que ella es creíble y transmite lo que tiene que transmitir en cada momento, sin embargo el conjunto es una obra en la que Lady Macbeth prácticamente podría desaparecer y se notaría poco, bueno, menos de lo que debiera.


Querría hablar también de lo que hay de más novedoso en esta versión que son las brujas y Ross. La primer aparición de las brujas en esta versión no me gustó nada, me pareció un exceso de creatividad vacía, que sólo se medio sostiene en pie gracias a la actriz que les da vida (Kathryn Hunter). Sin embargo, según avanza la historia, el resto de apariciones de la bruja le da un sentido absolutamente contrario a la historia; ya no son simples narradoras, que dibujan el destino de Macbeth con una profecía autocumplida, sino que son también importantes agentes ocultos en los sucesos que van acaeciendo.

En el mismo sentido puede hablarse de Ross, curiosamente el mismo personaje que utiliza Polansky para darle una vuelta a su versión. El juego de Polansky consistió en convertir a Ross en el malo de la película, en este caso es casi al contrario: es uno de los instrumentos de las brujas para llevar a cabo sus designios, convirtiéndoles al final, a ellas y a él, en un personaje casi bondadoso. Sinceramente son estos juegos los que a mí me gusta buscar ante una nueva versión de Shakespeare, y para mí acierta al plantearlos, aunque se resuelvan unos mejor que otros.

La ambientación no me encanta, una situación intermedia entre el cine y el teatro que he leído que gusta a los críticos, yo hubiera preferido algo más cinematográfico, pero entiendo que es algo personal. No entiendo tampoco muy bien el blanco y negro, estéticamente, resumiría, me ha parecido una especie de mezcla entre la versión de Wells, que ha pasado a ser un clásico, y la mucho más moderna, y mi menos favorita, la de Kurzel, uniendo la sobriedad y el blanco y negro del primero con el preciosismo del segundo.

En conclusión, no creo que sea una versión que pase a la historia, ni falta que le hace, pero sí que es una versión que merece la pena, y que, como tantas otras, y como repito siempre: da mucha envidia, comparando el cariño que los anglosajones tienen a sus clásicos, y el olvido al que aquí parecen condenados los nuestros.




martes, 20 de octubre de 2020

El Asesinato de Julio César - 1970 - Stuart Burge

Respeto el título que le pusieron en español, pero lo cierto es que es una versión del Julio César de Shakespeare, no conozco el motivo por el que en esta ocasión decidieron añadirle lo del asesinato, será para darle más dramatismo, supongo.

En todo caso la película no se aleja del texto, ni de la más conocida versión de 1953, en la que el papel protagonista fue para Marlon Brando, como Antonio. Curiosamente el protagonista de César no es el propio César, sobre todo porque el momento de más lucimiento de la obra es el discurso en el mercado, que corresponde a Antonio, incluso el segundo papel más importante tampoco es para el Dictador, sino probablemente Bruto. En esta versión el papel de Antonio es interpretado por Charlton Heston, que lo hace muy bien, aunque le han saboteado un poco la actuación los encargados de peluquería y vestuario, porque unos le han puesto una media melena rubia que parece un peluquín, y los otros una cosa/toga que no se sabe lo que es, pero que queda muy poco natural. A favor de esta película creo que juega que Antonio está más metido entre la gente, mientras que Brando está subido a un púlpito que le deja sólo, es más espectacular, pero a la vez más teatral y más forzado (al contrario que su aspecto y toga, que resultan más naturales).


Desde hace décadas el papel de Julio César se pone en cuestión: es

un genocida, nos dice Mary Beard, es un tonto caprichoso, nos dice Bertolt Brecht en su famosa novela "Los negocios del señor Julio César". Sin embargo para los antiguos, y hasta la baja Edad Media, era el héroe por excelencia, así, en el infierno de Dante, el peor círculo del infierno es para los traidores, y dentro de los traidores, dos de los peores son Bruto y Casio, los principales conspiradores (libertadores), castigados a ser masticados eternamente por Satanás en persona, junto a Judas.

En todo caso, en la época en la que vivimos, no está de más ver y leer un poco obras sobre el fin de la república: mucha gente ya pensaba que no tenía sentido y que para salir del caos tendría que sobrevenir el "poder de uno sólo", como finalmente sucedió. Distintos líderes se sucedieron, por parte de la plebe y de la aristocracia, a cada cual más poderoso, a cada cual menos respetuoso de las leyes y de los ciudadanos, hasta que el emperador se abrió paso, y no hubo república nunca más. Hay muchas lecciones en un siglo y medio, al alcance de cualquiera que quiera aprender como la revolución no lleva necesariamente a más libertad, no digamos a más democracia.

La película en general es recomendable, Julio César es una de las obras más entretenidas de Shakespeare, también para no aficionados, con magia, suspense, asesinato y guerra, no le falta de nada. En esta versión se han elegido actores de primera fila del momento. Sin duda es una buena opción para una tarde/noche de sofá, si te gusta el cine clásico.


sábado, 30 de mayo de 2020

King Lear - 1971 - Peter Brook

La historia, ya hemos hablado de ella otras veces, es la de un legendario rey bretón, anterior al imperio romano, que decide repartir el reino entre sus tres hijas, para ello les pide que le expliquen cuanto le quieren, y según su respuesta será más o menos generoso. Las dos hijas mayores le adulan y exageran, mientras que la sincera hija menor le viene a decir que le quiere "como a un padre", lo cual enfada mucho al rey, quien la deshereda.

A partir de ahí los personajes se dividen en traidores y leales al rey, y se van juntando y separando en distintas aventuras, hasta el trágico final.

Esta versión me recuerda mucho al Macbeth de Orson Welles, está rodada en blanco y negro, con muchos primeros planos y cierta estética de terror. El protagonista es un hombre duro, con lo cual la supuesta locura de Lear se atenúa, es más un hombre centrado en sí mismo, fuerza concentrada, que parece mandar incluso cuando es un mendigo, pero carente de fragilidad, lo mismo le ocurre al Rey Lear que interpreta Anthony Hopkins, pero en este caso es más acusado, el rey parece un león incluso en su peor momento.

A la estética en general dura, se une la ambientación: un paisaje árido, animales muertos tras la tormenta, y en general pobreza. Incluso las camas de los nobles son montones de paja. En este sentido es una película más realista que otras, porque uno se puede imaginar que el ambiente de Inglaterra del siglo VIII antes de Cristo podría ser así: cuero y piel por todas partes, castillos que son caserones de madera y adobe, y carruajes que son enormes cajas de madera, con ruedas sólidas, sin radios. Todos estos factores y la oscuridad omnipresente crean un ambiente opresivo muy adecuado para la obra, y que, de alguna manera, ofrecen el contrapunto a la fuerza del protagonista: Lear no se hunde, pero el mundo sí.

No es mi versión favorita de la obra, quizás la que más se disfruta es la última, la de 2018 que mencionaba antes, con Anthony Hopkins como Lear, quizás por ser la más impura, la menos clásica, un poco más corta, un poco más alegre (o menos triste), más actual.

jueves, 28 de mayo de 2020

The life and dead of King John - 1984 - BBC Shakespeare Collection


El rey Juan de la obra es Juan "Sin Tierra", el hermano de Ricardo Corazón de León, muy conocido por ser el jefe de los malos en Robin Hood. El apodo "sin tierra" se debe a que, al ser el menor de sus hermanos se supone que no iba a heredar. Pero en aquellos tiempos la vida era muchas veces corta, de manera que sobrevivió a todos sus hermanos, heredando finalmente la corona a la muerte de Ricardo I.
Sorprende, para curiosos de la historia, lo involucrado que estaba ya el reino de Castilla, en plena reconquista, en las alianzas político-matrimoniales de la época. Uno de los personajes de esta obra es Blanca de Castilla, que llegará a ser reina de Francia, siendo hija de Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra, reyes de Castilla, por el nombre ya vemos que esta reina era, a su vez, hermana de "Corazón de León".

Como sucede a veces con las obras históricas de Shakespeare, acaba con un pronóstico (que para el autor ya es pasado, claro) sobre lo grande que va a ser Inglaterra en el futuro, en manos del heredero de Juan, Enrique, a quien las cosas le fueron mucho mejor.

Eran tiempos de guerra continua, en Inglaterra como en todas partes, la época feudal, con Europa gobernada por señores de la guerra, era un no parar de fidelidades, traiciones e intereses contrapuestos. Es lo normal, si quien ostenta el poder lo hace en nombre de la guerra, pues habrá guerra. Durante unos pocos siglos, además, la presencia de Inglaterra en Francia, en ocasiones con dominios más grandes en el continente que en la isla, es una fuente continua de batallas entre reyes y nobles de un sitio y el otro.

A los ojos de Shakespeare los nobles son en su mayoría gigantes morales, que están dispuestos a pelearse por los derechos de un niño, o en venganza del mismo, o porque se lo dice un cardenal. Esto le da un aspecto un tanto ingenuo a buena parte de la obra. En todo caso la historia se simplifica, y nos cuenta las distintas guerras del reinado de Juan como si fueran una sola, simplificando, lo cual era muy necesario, porque parece que al menos fueron dos contra Francia más una guerra civil, y eso no hay quien lo siga en una obra de teatro.

Es difícil disfrutar de esta obra en concreto, desde mi punto de vista, consiste en muchas discusiones muy racionales sobre los motivos de apoyar a unos u otros en distintas batallas, y realmente son pocas las escenas emotivas. En este caso ni siquiera nos da un respiro con algún personaje gracioso para romper de vez en cuando la tensión, excepto en alguna escena del hijo bastardo de Corazón de León, todo lo demás es sesuda discusión y triste guerra.

lunes, 25 de mayo de 2020

King Lear - 2018 - Richard Eyre

Se trata de una producción de la BBC y Amazon, con actores habituados a Shakesperare, y a la vez conocidos por todos, y un director que también tiene experiencia en el autor. Se ha ambientado en la época actual, algo que no siempre funciona (vease el último Cimbelino), pero en este caso a mí me ha ayudado a entrar en la historia.
Al mismo tiempo, los palacios y mansiones ofrecen una imagen anticuada, que da un muy adecuado contrapunto, en la mayor parte de escenas de interior, a los modernos decorados militares y chabolistas, de manera que se hace creíble la ambientación actual, pero con un agradable regusto de época.

Como decía, los actores están muy bien seleccionados; encabezados por Anthony Hopkings, que entra y sale de Shakespeare con comodidad, y lo mismo hace de Titus que de Odín, y que crea un Lear muy a su estilo: con fuerza, con mucha pasión y muchos gritos, más introvertido que loco, y ahí se nota un defecto que quizás tenga como intérprete, y es un excesivo control, incluso perdida la razón parece más cuerdo que quienes le rodean, y no consigue parecer frágil. En mi opinión todos correctos, el único que destaca para mal, porque siempre parece que más que actuar pone caras, es Andrew Scott, el Moriarty de la serie Sherlock. Me ha gustado ver a Jim Carter, el mayordomo de Downton Abbey, en el papel del fiel Kent, casi le ha bastado cambiarse de ropa para pasar del fiel mayordomo al fiel conde, una simpática interpretación.

La película es bastante fiel a la obra original, a la que han recortado una media hora, algo conveniente para hacerla llegar con cierta fuerza al público. Han quitado, o eso me parece, bastante texto de Gloucester ciego guiado por Edgar loco; en la obra original hablan mucho y su viaje a Dover es largo como el de Frodo y Samsagaz hasta Mordor, sin embargo en la peli nada más salir ya han llegado, y, aunque eso choca un poco, yo lo agradezco porque, como decía antes, me sobra Andrew Scott como Edgar.

En cuanto a la historia, nos habla del Rey Lear, legendario rey de la antigüedad inglesa, aunque el tema principal de la obra es familiar e íntimo, hablando de la familia y de la vejez, la parte de la política está presente, en forma de conspiraciones y fidelidades, pero en un segundo plano, porque lo que nos dice la obra es que el Rey Lear es rey, pero sobre todo es un padre que se ha hecho viejo sin darse cuenta, y, como dice el bufón: antes de hacerse sabio.

Merece la pena como una manera más que digna de acercarse a una de las obras más prestigiosas del autor, aunque también una tragedia de principio a fin. Mantiene muy bien el ritmo, y toda la presentación se aleja de lo que sería una visión teatral de la obra, se buscan ambientes grandes, incluso muchos de los interiores, y en definitiva, todo el lenguaje visual e interpretativo es cinematográfico, lo cual sienta muy bien a una obra que en caso contrario bien podría resultar árida para el espectador menos aficionado.



miércoles, 20 de mayo de 2020

King Lear - 1982 - BBC Shakespeare Collection

King Lear es una de las obras más prestigiosas de Shakespeare, quizás no una de las más conocidas aquí, porque es una tragedia poco comercial. Es un personaje pseudohistórico, supuestamente un rey bretón del siglo VIII antes de Cristo, pero la ambientación, los títulos nobiliarios y en general las costumbres son más propios de la época del escritor, no de lo que hubiera sido una supuesta prehistoria inglesa.

Según nos cuenta el bufón, que en este caso, bajo sus modales excéntricos, es el cuerdo de la obra, el defecto del Rey es haberse hecho viejo demasiado pronto, antes de hacerse sabio. Por ese motivo somete a una prueba completamente infantil a sus tres hijas, para posteriormente donar su reino a aquellas que la superan, y desheredando y despreciando a quien le trata con auténtico respeto. En paralelo lo mismo sucede con Gloucester, noble leal, que desprecia a su hijo fiel en favor del traidor bastardo (literalmente).

El personaje del rey, interpretado magistralmente por Michael Hordern, empieza un poco descentrado, y va perdiendo la razón completamente ante la traición de sus hijas.

Por lo demás, es un triste relato sobre la vida y la vejez, la lealtad y la traición, y el amarguísimo resabor de que nada importa: los buenos y los malos son igualmente castigados, el único premio de quien obra bien es saberlo, pero eso no le salva de morir, o de ver como sus seres queridos, como ellos mismos, están condenados a muerte, porque es lo que tiene la vida.

domingo, 17 de mayo de 2020

Measure for measure - 1979 - BBC Shakespeare Collection

Llama la atención como incluso de esta obra secundaria de Shakespeare se han hecho dos versiones para el cine ya en el siglo XXI, una en 2006 y otra en 2019. Da un poco de envidia esta capacidad de la Commonwelth para versionar una y otra vez su literatura.
En este caso se trata de una comedia, quizás por eso pasa a segundo plano, porque siempre parece que las tragedias dan algo más de prestigio y son tomadas más en serio. La diferencia es que acaba más o menos  bien para todos, como bien explica Allen en Melinda y Melinda, y que siempre hay algo más de sexo y picardía.

En este caso el Duque que manda en Viena decide marcharse de la ciudad, dejando al cargo a Ángelo, un noble de moral aparentemente estricta, pero que pronto se descubrirá como hipocresía. Pero no importa, el Duque está presente como un espíritu bueno en toda la trama, de manera que el espectador sabe en todo momento que nada va a salir mal. Es como un episodio de Colombo, todo el mundo sabe quien es el asesino pero queremos ver al detective en acción.

Por lo demás, abundan los personajes del Lumpen tan habituales en la obra del autor, que se usan como los chistes de catetos y para gastar las bromas más soeces, y no deja de sorprender el ateísmo que presentan los personajes en sus momentos de debilidad, y la rebeldía del autor, que compara al verdugo con el dueño de un prostíbulo.





viernes, 6 de enero de 2017

Guerra Total (Cymbeline) - 2014 - Michael Almereyda

Es una adaptación de una de las obras menos conocidas de Shakespeare, o no una de las más populares. Ya hablamos en su día de la versión realizada por la BBC en los ochenta, pero esta adaptación es distinta, realmente muy distinta.

En español se conoce la obra como Cimbelino, aunque en esta ocasión han cambiado el título a Guerra Total, y le añaden el nombre en versión original, para aclarar de qué se está hablando. Puede encuadrarse dentro del numeroso grupo de obras que el bardo dedica a la historia de Inglaterra. En esta ocasión nos cuenta los enredos familiares de un rey bretón en guerra con los romanos.

La adaptación, en pocas palabras, resulta ridícula. Son numerosas las obras del autor que han sido versionadas en un ambiente actual con desigual resultado: Titus Andrónicos, Hamlet, Romeo y Julieta, Mucho Ruido y Pocas Nueces, Coriolano... y supongo que otras que yo no haya visto; el caso es que esta es probablemente la peor, aunque tampoco el Hamlet de Ethan Hawke parece que sea una película de las que animan a repetir (también tiene su pequeño papel en esta adaptación).


Intentan aprovechar el tirón de actores conocidos: Ed Harris, Mila Jojovich, Ethan Hawke, etc. Y no se explica muy bien cómo se les convence para meterse en este proyecto, pero el caso es que no pueden negar que están ahí, aunque supongo que les gustaría, y no es sólo que los actores no están perfectos, sino que la ambientación, que es el gran error, les hace quedar en ridículo. El rey, Ed Harris, se transforma en el líder de una banda de moteros, que vive en un chalet anticuado con una esposa que parece ejecutiva de alguna empresa y el hijo de ambos, tonto de capirote, que no sabe a qué atenerse, lo cual no puede extrañar a nadie. Los romanos son policías, que quieren cobrar un tributo a los moteros; y al negarse éstos se desata la guerra, no sólo eso: ¡la guerra total! Todo ello en una estética digna de Grease, con lo cual no se entiende que hayan dejado pasar la posibilidad de contratar directamente a John Travolta, que peor no hubiera quedado.

He leído algunas críticas a esta película que consideran un error la ambientación actual en las obras de Shakespeare, pero no creo que este sea el problema, sino el borrar concienzudamente toda la épica de la historia: un jefe de moteros no es un rey, sus peleas con la policía no son una guerra, ni, ya puestos, queda muy bien ver al héroe pasear en patinete, lánguidamente, sumido en sus meditaciones (no estoy seguro, pero creo que llegan a llamarle su montura).

En un episodio de Los Simpson, Moe cambia su taberna cutre por un local moderno, en un momento dado, harto de tanta sofisticación, sintoniza un partido de fútbol en la tele, y un cliente le advierte de que, salvo que sea una ironía, debe quitar el partido.
Pues eso, o esto es una enorme broma, o mejor no hacerlo.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Julio César - 1953 - Joseph L. Mankiewicz

Versión cinematográfica de la obra de William Shakespeare. Bastante bien adaptada, sin muchas concesiones al formato, excepto unos textos explicativos de lo que está pasando, uno al principio de la película y otra en la transición entre la muerte de César y la guerra contra los libertadores-conspiradores.

Ofrece la envidia de siempre respecto al valor con que los anglosajones tratan a su principal escritor (en general a su literatura), continuamente sometido a revisión y reinterpretación, entendiendo que el cine y la televisión son, al menos socialmente, el teatro de la actualidad, y que para mantener los clásicos vivos, no sólo en un museo, es necesario verter esos vinos viejos en odres nuevos.

Se trata de una superproducción de Hollywood, y tiene como protagonista principal nada menos que a Marlon Brando, como Marco Antonio, a quien da el mesurado contrapunto James Mason como Bruto.

La obra de Chéspir no trata de buenos y malos, sino, en todo caso, de grandeza contra bondad, pero a todo sobrevuela la presencia de César, un poco señor mayor, pero todavía el gran héroe de la antigüedad. Por una parte Bruto encarna lo bueno de Roma y de la ética, aunque lidere un grupo de rebeldes de honradez dudosa y finalmente asesinos; por otra, Marlon Brando interpreta su personaje considerándole malvado, sólo se salva en un par de escenas, por amor a su amigo, y reconociendo el valor de su enemigo. Esta dialéctica choca con el muro de no poder convertirse en una apología del magnicidio de César, este hecho impide que la historia sea la del martirio de unos libertadores frente a la tiranía.

La Roma que nos presenta no sé si es real, pero sí es bonita y hasta cierto punto natural. Se aleja de versiones más teatrales de la obra y de la ciudad, huyendo de trajes y ambientes más planos, dando color y variedad (aun siendo la película en blanco y negro).

Merece la pena en todos los sentidos: como cine, como Chéspir, como entretenimiento... no sé si es una obra maestra, pero sí una autentica guía, una señal de como el cine comercial puede ser también valiente y ambicioso.

sábado, 22 de octubre de 2016

Julio César - 1979 - BBC Shakespeare Collection

Julio César es uno de los personajes históricos más recordados, o, dado que andamos flojos de memoria, uno de los que más huella ha dejado en la historia de Europa.

Desde una posición familiar mediocre, aunque patricio, a base de trampas y muchos talentos, consigue llegar a ser dictador en Roma, con poder casi absoluto, su gran sueño (no era muy humilde), poniendo las bases para una monarquía que por fin llevó la paz al imperio, tras más de un siglo de guerras civiles.

Por este motivo, y quizá por el interés de su heredero, hijo adoptivo, y primer emperador, Augusto, su leyenda comenzó con su cadaver todavía caliente. Ya Plutarco le pone en primer lugar de los romanos, comparándole con Alejandro Magno en sus Vidas Paralelas, y Shakespeare, lector de estas Vidas, escribe también esta tragedia para contar sus últimos días.
Veinte siglos después de su muerte, todavía existían dos césares en Europa, el kaiser y el zar, que utilizaban su nombre como símbolo de su poder, por encima de los reyes, aunque fuera el nombre de quien no llegó a reinar.

La tragedia comienza precísamente el día que César y Antonio hacen su pequeño teatrillo, en el que éste ofrece la corona a aquél, quien gentilmente la rechaza. Esta escena era un globo sonda, para comprobar si los romanos estaban dispuestos a admitir a César como rey, y él se enfada con la respuesta del pueblo, mientras sus enemigos, viendo su ambición, empiezan a planear el asesinato, en defensa de la república, por ese motivo les gustaba llamarse los libertadores.

Para dar lustre al crimen, era imprescindible la participación de Marco Bruto, hombre de gran reputación y amigo de César, que finalmente se une a la conjura por fidelidad a sus ancestros, quienes supuestamente también derrocaron a los reyes romanos, siglos atrás. Se encargará de convencerle Casio, el principal inspirador del crimen.

Esta pareja, Bruto y Casio, son para Dante, en su rencorosa Divina Comedia, el arquetipo de los traidores, culpables de la mayor traición de la historia, y por ese motivo se encuentran en el centro del infierno, sufriendo el peor de los castigos. Sin embargo, para Shakespeare no son malvados en absoluto, quizás Bruto es en el fondo el héroe de esta historia, aunque sea un héroe mártir, y de hecho la tragedia acaba con su muerte. El autor utiliza a Bruto y Casio para establecer un superficial diálogo entre estoicismo (Bruto) y epicureísmo (Casio), en el que en cierta manera prevalece el primero, dado que ha dado lugar a un hombre como Bruto, que incluso cita a Epícteto, años antes de Epícteto: piensa que tu mujer y tu hijo son humanos, para soportar su muerte (más o menos).

En el bando contrario ¿Quienes son los amigos de César? Desalmados, no precísamente heroicos; Marco Antonio es un hombre hábil para la guerra y para manejar la multitud, pero cuyo rencor por la muerte de su amigo pronto se diluye en las ánsias de poder, Augusto es un joven ambicioso, dispuesto a todo por ser el nuevo César.

Así vuelve Roma a las proscripciones, que César nunca había publicado, y en una terrible negociación de los triunvirus, se redacta una lista de condenados, a quienes puede matar cualquiera que se les encuentre sin juicio previo, en la que caben tanto parientes como el propio Cicerón. Esto va completamente en contra de la forma de actuar que César tuvo en vida, porque prefería pasar a la prosperidad como un gran admirador y salvador de grandes hombres, no como su verdugo (bien es cierto que los enemigos de César acababan muriendo, de su propia mano o de la ajena, como Pompeyo o Catón, porque la vida no se valoraba de la misma manera que en nuestros tiempos).

Los conspiradores se levantan contra los otros conspiradores, Bruto y Casi mueren dignamente a sus propias manos (más o menos), y la paz llega temporalmente a Roma, a manos del triunvirato.

Shakespeare nos contará también, como ya se habló tiempo atrás en el Blog, el siguiente capítulo de esta historia, en el que Augusto obtendrá finalmente el poder absoluto, en buena medida para bien del Imperio, en Antonio y Cleopatra.

Los personajes cambian según el contexto, y parece que al autor le son simpáticos sobre todo cuando pierden o mueren, quizás por eso Marco Antonio amante de Cleopatra es más simpático que Marco Antonio vengador de César.

Entre la fingida coronación de César y la muerte de los libertadores transcurre esta historia, que es sobre todo dialogada, siendo más psicológica y política que épica, aunque se cuente la lucha entre los amigos de César y sus asesinos.

Por aprender alguna lección de la obra aplicable al día de hoy, intentemos no ser ese ciudadano que toma partido sin más por el último que habla.




jueves, 20 de octubre de 2016

Enrique VIII - 1979 - BBC Shakespeare Collection

Quedan atrás los relatos de guerras civiles en las que distintos nobles luchan entre ellos, mientras intentan ocupar el trono de Inglaterra. Enrique VIII es ya rey absoluto y está muy por encima de los nobles, quienes siguen conspirando, pero ya no para conseguir el trono, sino para prevaricar, conseguir el favor del monarca y echar al valido: el odiado cardenal Wolsey.

La obra es, por lo tanto, una historia de corte: de cotilleos, difamaciones y camarillas, pero también de grandeza, en la que destaca la reina Catalina de Aragón, y el propio Enrique VIII.

Finaliza en el bautizo de Isabel de Inglaterra, con una profecía que indica lo importante que la niña convertida en mujer será para el país. Queda la idea de que, de hecho, todo el ambiente, hasta cierto punto de benevolencia, de la obra, se apoya en este hecho, está dedicada a alabar a Isabel convirtiéndola en una predestinada, y no quiere la más mínima mancha a su alrededor. Aunque se considera que fue escrita posteriormente a la muerte de la reina, lo cierto es que cuesta creerlo, por este mismo motivo, y dado que su sucesor, Jaime, no tenía especiales motivos para querer a su tiastra.

Digo ambiente de cierta benevolencia porque incluso el inicial malvado de la obra, el cardenal Wolsey, cuando cae en desgracia se nos presenta como un hombre que ha encontrado la sabiduría una vez que ya no tiene acceso al poder, resignado, fiel súbdito del rey y amigo de sus amigos (de los suyos, no de los del rey). Por su parte, la reina Catalina, como ya se ha dicho, se presenta como un ejemplo de quien incluso en la adversidad permanece fiel, que acepta también con resignación su desgracia, sin ceder un ápice en su posición, pero sin orgullo, con sus propias virtudes y su vida como escudo y espada.

Ana Bolena tampoco es mala, además, dado que la obra termina con el bautismo de Isabel, el autor no tiene que explicar como pierde la cabeza, ni los sucesivos matrimonios del Rey; se la deja pasar como una mujer modesta y muy hermosa, que se ve seducida por el rey y por el poder real. Sin alabarla especialmente, deja que personajes simpáticos la alaben, mientras que los antipáticos católicos la vituperan.

Queda el aspecto de la religión, por el que se pasa un poco por encima. Hacia el final de la obra queda claro que el Rey toma partido por el protestantismo, pero sin mencionarlo, como coartada para el divorcio, y como herramienta contra la hegemonía de España. Se cuenta como una decisión personal, por afecto y respeto a quien ha hecho arzobispo de Canterbury, Cranmer, un archihereje, según Wolsey. Queda así insinuada la victoria final del protestantismo, sin que un personaje importante en la corte y en la religión, Tomás Moro, tenga una aparición de importancia, ni él ni su condena.

De nuevo Shakespeare contando su historia, de nuevo un poco de envidia porque el principal escritor inglés, tuviera tan prematuramente la idea de hacer unos episodios nacionales.

viernes, 14 de octubre de 2016

Enrique VI - 1983 - BBC Shakespeare Collection

Otra de las obras que Shakespeare dedica a la historia de Inglaterra mediante la biografía de uno de sus reyes. Aunque en realidad en este caso se trata de tres obras, que aparecieron en distintos momentos, que en la versión de la BBC se tiene el acierto de representarlas con los mismos actores para los mismos personales, y por supuesto de forma cronológica en relación a los hechos que se cuentan, no a su estreno, de manera que forman una sóla historia en tres actos.

Ocupan diez horas de DVD, con lo que se podría hacer una temporada de un Juego de Tronos histórico, más valioso, probablemente, que la versión imaginaria que nos vende la televisión, y no nos perdemos (yo tampoco). Cada una de las obras dura unas tres horas y media, en formato de teatro grabado, con lo cual, si se tiene algo de paciencia, los personajes se van enriqueciendo a los ojos del espectador, con el paso del tiempo y las circunstancias.

En estos tempranísimos Episodios Nacionales, el bardo inmortal nos va contando las aventuras y desventuras del país, desde un punto de vista finalmente patriota. Enrique V, el héroe-rey, acaba con las disensiones internas y extiende a Francia el poder inglés, pero durante el reinado de su hijo, el sacerdote-rey, se pierden las posesiones continentales, y la guerra civil vuelve, alcanzando mayores cotas de terror. Los distintos señores se alinean en la guerra de las rosas, pero mientras se pelean entre ellos sus dirigentes tienen puesta la vista en el trono, como premio para el vencedor.

Parece que ganan los York, se llega a un acuerdo, pero apenas se ha jurado la paz ya se está rompiendo por todas las costuras, los ejércitos forman, cabezas de familia y herederos mueren uno tras otro, a veces unos en manos de los otros, hasta que prevalece un nuevo líder, esta vez Eduardo IV, pero tampoco su victoria es definitiva, porque su coronación es vista por su hermano, que reinará como Ricardo III, como un paso más en su propio ascenso al trono.

Extraña como la Edad Media real, llena de crímenes, héroes, villanos, traiciones y lealtades ¡tan actual! se ve sustituida en nuestra ficción por imitaciones, ya sea Olvidado Rey Gudú, Juego de Tronos o El Señor de los Anillos, parece que, como a niños, ya nos nos interesa la complejidad de la historia o la política, y preferimos que nos las sirvan como una papilla semidigerida, simplificada y edulcorada con magos y dragones.

La obra es, como decía, extensa, y los personajes aparecen y mueren a lo largo de las tres obras, algunos que son principales en una de las partes, no han aparecido todavía, o ya han muerto en las demás. Esto sucede, por ejemplo, con Juana de Arco y Talbot, quienes desde bandos contrarios mantienen la guerra en Francia, en un magnífico enfrentamiento dialéctico y militar, parar morir ambos sumidos en la tristeza y la desesperación (si bien la humillación es mayor para Juana, porque Shakespeare no sabe muy bien qué hacer con ella: enemiga de Inglaterra no puede hacerla quedar como una heroína, sin embargo no tiene otro remedio que tenerla en cuenta como militar).

En esta obra es interesante el papel de las mujeres, dado que tanto Juana de Arco como la reina Margarita dirigen sus ejércitos, dejando de lado al delfín y al propio Enrique, hombres que no saben o no quieren defender sus intereses, ni los del estado.

Desde mi punto de vista siempre merecen la pena estas obras, con tiempo por delante, en ellas hay mucho del ser humano actual ¡Tan medieval! Y más aún, probablemente, del corazón inglés, en lo mejor y en lo más terrible.

sábado, 16 de julio de 2016

Trono de Sangre - 1957 - Akira Kurosawa

Curiosa versión japonesa de Macbeth, que merece la pena incluir en este pequeño recopilatorio que me está saliendo, aunque sólo fuera por ser una de las más conocidas, y también la más diferente, claro.

Es una versión muy distinta, no sólo porque transcurre en el Japón medieval, en lugar de en Escocia, sino porque no parece que el director hay querido seguir fielmente el texto, ni siquiera el esquema de la obra, se queda con las partes que le interesan, y recorta sin piedad el resto.

Praece que el director ha hecho una obra para japoneses que no conozcan a Shakespeare, lo cual también explicaría, al menos en parte, la simplificación, el recorte de los diálogos, etc., al final de la película, con la trama ya terminada, incluye una explicación al movimiento del bosque. Ha querido hacer una obra japonesa sobre el tema de Macbeth, más que una versión de la obra tradicional.

Las actuaciones, como corresponde, son exageradas para lo habitual en occidente, lo cual le añade otro tono exótico. Los personajes secundarios en buena medida desaparecen, hasta el punto de que no hay un verdadero Macduff, el justiciero que acaba con Macbeth (Washizu), quien no muere por la espada ejecutado por un no nacido del vientre de mujer, sino acribillado a flechazos. De la misma manera no existe la familia de Macduff, cuyo asesinato es el gran acto de maldad de Macbeth, consecuencia de las segundas profecías de las brujas, y la fuente de la gran degeneración del protagonista y de la muerte de su mujer, que asi ve como el camino iniciado no tiene final.

A la ambición natural del protagonista, le han querido añadir el miedo, que es la fuerza que utiliza Lady Macbeth para reforzar sus malas intenciones, en lugar de espolear su deseo de poder, le hace ver el peligro en el que la profecía le deja, ya que le sitúa como posible enemigo de su señor y de su compañero. Esto añade interés desde el punto de vista de que da importancia a la duda, siempre presente, de hasta qué punto los hechos transcurren según la profecía precísamente porque Macbeth y Banquo (Miki) la han escuchado.

También en el aspecto político esta historia es más neutra, Macbeth no hace nada que no hubiera hecho antes su predecesor: matar a su señor para ponerse en su lugar, no es un malvado, es un señor poderoso que actua como los demás señores poderosos.

sábado, 2 de julio de 2016

Macbeth - 1948 - Orson Welles

Se trata de una versión sencilla, impresionista en algunos momentos, pero que pretende, creo, ser honesta, de la historia del rey escocés.

No se dedican muchos medios: todo decorado, y casi toda la actuación el mismo, un castillo de piedra, Dunsinane, donde Macbeth manda primero como señor de Glamis, y luego como Rey, como se ve es un tirano poco dado a derrochar.

El aire es de un país entre la antigüedad y la edad media, en pleno siglo XI, siempre en guerra con sus vecinos, donde por lo tanto un general y guerrero como Macbeth tiene todas las de ganar. El protagonista viste un peto de soldado, y más tarde se pone una corona de acero, de aspecto muy pesado, en mi imaginación es una especie de Pelayo, o de los primeros nobles y reyes castellanos o aragoneses, siempre en batalla, los más ricos de los pobres. Sin embargo Lady Macbeth es magnífica, una auténtica señora, mucho más refinada, mucho más afilada, aunque igualmente marcial y dispuesta a lo que haga falta.

Entre los dos matan al bondadoso Duncan y se hacen con el poder. En esta versión las sospechas sobre Macbeth son más evidentes desde el principio, tanto Banquo como Ross parecen tener claro desde el primer momento que Macbeth es el culpable, y sólo se mantienen un poco al margen para ver como van desarrollándose los acontecimientos.

Es bastante respetuosa con los secundarios, aunque no puedo dejar de extrañarme por la manera en que un personaje de reparto como es Ross cambia tanto de una versión a otra: desaparece en la versión del año pasado, un play-boy traidor en la versión de Polansky, un sacerdote y amigo en esta de Wells. Los demás secundarios, como la mujer y el hijo de Macduff o los asesinos de Banquo ocupan su lugar, ni son tan importantes como en la de Polansky (que probablemente es la mejor de todas), ni desaparecen de una manera tan absurda como en la de Kurzel del año pasado.

Estos secundarios, incluso las brujas, son importantes para que no se fije la atención en exceso en los Macbeth y que el espectador tenga un cierto respiro y no nos hartemos del matrimonio protagonista y sus cuitas.

En definitiva, una gran película que siempre merece la pena. Fue la primera versión que conocí de la obra, en su momento me sorprendió, porque los anglosajones siempre tienen algo que decir se su Shakespeare, y siempre le hacen hablr bien. No es que en España manejemos peor los clásicos, sólo que los sacamos a pasear con mucha menos frecuencia.

domingo, 19 de junio de 2016

Macbeth - 2015 - Justin Kurzel

No me ha gustado mucho este Macbeth. Si duda es estéticamente más moderno, con una fotografía muy cuidada, y en definitiva una película con imágenes muy bonitas, pero en los últimos años parece que esto ya tenemos que darlo por hecho, al menos en una película con pretensiones de arte, y a ésta lo único que no le faltan son pretensiones. Bueno, ya lo hemos dicho, no le faltan pretensiones ni imágenes bonitas.

Pero han hecho una versión muy aburrida, lenta, llena de vacío misticismo, sin una pizca de alegría,
sin un comentario irónico, todo es trascendente y parte de un cuadro preciosista. Hasta la gente es muy guapa, es más ¡Hasta las brujas lo son! Según cada momento, todo el mundo parece consagrado en esta película: los soldados parecen monjes, las brujas y mujeres en general monjas, y todo rodeado de una espiritualidad sin sentido, una supuesta trascendencia que no trasciende, porque no llega a ninguna parte.

Las actuaciones están bien, completamente cinematográfica, lo cual ayuda mucho, porque no se necesita que nadie declame, como tienen micrófonos pueden susurrar y gritar según el papel lo pida, facilitando a los actores dar matices. En algunos momentos por falta de épica y sobra de cara de loco parece que Fassbender iba a hacer Hamlet y a medio camino le cambiaron la obra, lo cual no quiere decir que esté mal, las actuaciones, incluída la suya, son correctas, y todos y todas muy hermosos y hermosas, como ya he dicho.

Como también he dicho, falta alegría, a Macbeth y su mujer parece que todo le traspasa, mientras los personajes de Polanski son humanos y ríen y lloran, los de Kurzel permanecen impasibles o sufren. En relación con la película de 1971 es curioso como Polanski da un papel de gran importancia a Ross, mayor del que tiene en la obra, acertando desde mi punto de vista plenamente, porque encarna muy bien la bajeza moral, la pequeñez, y, cuidado, la simpatía y buenas palabras. Sin embargo en la versión que nos ocupa este personaje prácticamente desaparece, teniendo menos presencia que en la obra original.

Por último las batallas y combates están bien realizados, olvidando, por supuesto y por completo, el realismo (que a veces se confunde con chorros de sangre por todas partes), un poco a lo 300, claro, como casi todo ahora.

Aunque las críticas son muy buenas, yo creo que, hay que estar muy concienciado para disfrutar este Macbeth.

viernes, 17 de junio de 2016

Macbeth - 1971 - Roman Polanski

Macbeth es la historia de un noble que llega a Rey de Escocia, y nos habla de muchas cosas: del destino y el día a día (a Dios rogando y con el mazo dando) de las edades del hombre, de la fidelidad, la conciencia, el valor, de todo lo que nos hace y nos deshace como personas.

Al principio de la obra el protagonista es un guerrero de éxito, cosecha victorias que deberían servir para asegurar el poder del rey Duncan, quien, agradecido, le muestra su aprecio y acrecienta su señoría dándole el señorío de Cawdor. Pero en su camino se cruzan unas brujas adivinas que le auguran que un día será rey, y de aquí la primera gran pregunta: ¿Qué hubiera sido del gran Macbeth si las brujas no le hubieran dado la seguridad que necesitaba para llegar a Rey? Nunca lo sabremos, quizás fuera apagándose con la edad, quizas honraría el señorío de Cawdor hasta ensombrecer el propio reino.

El caso es que las brujas espolean su ambición y, lo que es más importante, como decía, le dan la seguridad que necesitaba, más aún, la autoridad moral, ahora es un ungido por el destino y apartará de su paso todo lo que se cruce en su camino. Su mujer, Lady Macbeth, siente el mismo impulso, y así le ayuda en lo que puede, que es mucho.

Pero ser Rey no es tan fácil como parece, no sólo consiste en recibir honores y darse banquetes. Como bien sabemos los españoles, el primer deber del monarca es perpetuar su dinastía, y en el corazón de Macbeth las brujas han puesto la semilla de su perdición, al decirle a la vez que él será rey, pero le sucederán los hijos de su amigo Banquo. La preocupación por el futuro de sus hijos lleva a Macbeth a matar a Banquo e intentar lo mismo con el hijo de éste, pero el pequeño logra escapar.

Macbeth vuelve a recurrir a las adivinas, para preguntarles por su futuro, y la respuesta de nuevo es positiva y motivadora para el ahora Rey, y refuerza su pasión: no será vencido hasta que se mueva contra él el bosque de Birnam, y no podrá derrotarle nadie que haya nacido de vientre de mujer. Con estas ideas en la mente se siente a sí mismo invencible y actúa como tal.

De manera que vive su vida como todos los reyes de su tiempo, luchando y exterminando a sus enemigos y familiares de primer y segundo grado, gobernando con cierta tranquilidad y haciendo vida hogareña, aunque no todo son alegrías, porque tanto él como su mujer sufren episodios alucinatorios complicados con trastornos depresivos de cierta importancia.

Cuando se va haciendo viejo, a su alrededor los traidores se multiplican, se alían con fuerzas extranjeras (inglesas, nada menos) para acabar con el Rey y devolver el poder a la dinastía del difunto Duncan, que tan poco ha hecho para merecerlo.

Finalmente los augurios tenian algo de trampa, aunque han sido útiles durante muchos años, y el Rey cae, tras enfrentarse él sólo a un ejército y ponerle contra las cuerdas. Los vencedores profanan sus despojos, celebrando su vuelta a la oscuridad de la historia con el regreso de la dinastía anterior.


domingo, 10 de enero de 2016

Enrique V - 1979 - BBC Shakespeare Collection

Tercera obra de Shakespeare dedicada a este rey de Inglaterra, dado que las dos partes de Enrique IV, como se dijo en su momento, están dedicadas a contar las hazañas de juventud del V, y su transformación de vividor en solemne gobernante y guerrero.

Tras acabar con las revueltas internas y ser coronado, Henry pone los ojos en Francia. Como todos los imperios que en el mundo han sido, la culpa de sus invasiones es, por supuesto, de los invadidos, en este caso de los franceses. El buen rey inglés lo único que hace es reivindicar sus derechos, mientras que por su parte el rey francés se obstina en no querer regalar su reino al adversario, sin contar que los ingleses, además, tienen a Dios de su lado (esto sólo se demuestra con la victoria, claro).

En la colección de la BBC las dos partes de Enrique IV y ésta son tratadas como la misma, utilizando los mismos actores para los papeles principales, etc. En 1989 Kenneth Branagh realizó una versión para el cine, más dinámica que esta de la BBC, pero en la que se pierden los repetidos intercambios de heraldos y comunicaciones, tan profusas, que pueden hacerse largas, pero nos dan idea de cómo se tramaban las guerras y batallas en la Edad Media inglesa, o cómo creían que se hacía los modernos.

Dentro del esfuerzo Shakesperiano por hacer nación en la Gran Bretaña, Enrique V es mostrado como un gran unificador, santo y sabio por encima de los pensamientos y preocupaciones de quienes le rodean, dueño de sí mismo siempre, pero en manos de Dios. Cercano a nobles y plebeyos si lo merecen, porque les mira desde tan alto que le deben de parecer igualmente pequeños.

En definitiva, Enrique se casa con Catalina de Valois y fuerza al rey de Francia a nombrarle heredero, situación que en la obra se plantea desde el buen rollo total, dado que todo el mundo asume que un hombre así merece ser el rey de todo.

Las últimas escenas de la obra son una introducción introductoria a Enrique VI, que será rey de Inglaterra y Francia.

viernes, 8 de enero de 2016

Enrique IV - 1979 - BBC Shakespeare Collection

Parece que a Shakespeare no le gusta mucho el rey Henry IV de Inglaterra.

Pese a que su vida fue muy emocionante, llegando a conquistar Inglaterra para derrocar a su predecesor, el último Plantagenet, iniciando así el reinado de los Lannister, digo, Lancaster.

Pese a la vida de altibajos y aventuras de Enrique IV, quien realmente interesa al autor es su hijo, que será Enrique V, protagonista de su propia obra, pero también de estas dos dedicadas a su padre. El supuesto protagonista, el padre, ya está mayor, y lo que se nos cuenta son las fiestas y batallas del hijo, que lleva una vida más o menos disoluta, aunque se nos explica con mucho pudor, pero en cuanto su padre le llama la atención toma las armas y demuestra su prudencia y capacidad.

También aprovecha el autor para sacar partido a Falstaff, caballero y capitán, pero borrachuzo y cobarde, quien intenta aprovecharse de la amistad del joven príncipe, y de todos aquellos que le rodean, sin por ello estar carente de cierta sabiduría popular, como tanto le gusta a Shakespeare en los personajes cómicos que introduce en los dramas y tragédias.

Falstaff urde todo tipo de planes, pero finalmente le saldrán mal, porque ya no tiene cabida en la nueva vida del príncipe, finalmente Rey.

Como suele pasar en estos casos, es también el personaje más agradecido de cara a los actores que lo interpretan, en este caso Bruce Purchase, el personaje de Enrique V es David Gwillim, como lo hará también en la obra de su nombre dentro de esta misma colección (en la película de Kenneth Brannag sobre Enrique V lo fundamental de Enrique IV aparece como diversos Flash Backs, como recuerdos del Rey).

Es, tanto como la vida de los reyes, una recreación histórica, en la que se nos cuenta la construcción de Inglaterra y Gran Bretaña en el siglo XIV, cuando en toda Europa los reyes eran los señores más poderosos, pero siempre con el riesgo de una revuelta de sus nobles, o un ataque de los vecinos. Porque en realidad la monarquía absoluta no es medieval, sino moderna.

La obra, sumando las dos partes, dura 5 horas, el único sentido plausible de que sean dos partes es hacerla más ligera para el espectador, porque en la narración no hay cortes que lo expliquen (salvo que se quiera usar como tal el interludio entre dos rebeliones).

Shakespeare hizo un esfuerzo por contar la historia de su país a sus contemporáneos, desde Cimbelino a la vida de Enrique VIII, o de estos de los que hablamos hoy. Pero no es una narración científica, historiográfica, sino ideológica y enfocada a la construcción nacional y al ensalzamiento de los Tudor. Sin embargo, curiosamente, no hizo ninguna obra dedicada a Ricardo Corazón de León, que tanto peso tiene en el imaginario nacional de la pérfida Albión.

Hamlet - 1980 - BBC Shakespeare Collection

El vengativo príncipe danés es probablemente el personaje más conocido de Shakespeare, en parte se puede deber a que son muchos los actores ansiosos de lucirse interpretando un clásico popular: Bart Simpson, Kenneth Branagh, Mel Gibson, etc., el bombardeo de Hamlets es continuo.

En este caso el protagonista es Darek Jacobi, Él Claudio, que me ha resultado especialmente antipático (tampoco la simpatía es su fuerte como actor, probablemente) y en su contra, como tío-padrastro-fatricida tiene nada menos que a Patrick Stewart ¡Capitán Picart de Star Treck! ¡Profesor Xavier! Que le da tanta dignidad y, esta vez sí, simpatía a su personaje que resulta mucho más atractivo que el hijastro llorica, que es o no es.

Parecería especialmente fácil escribir una versión de Hamlet en la cual el príncipe, enloquecido por el arrepentimiento de un complejo de Edipo mal resuelto y la muerte repentina de su padre, se dedique a acosar al primero que se pone a tiro, el nuevo marido de su madre, hacia quien se puede culpar a la vez por celos y sospechas infundadas, para conseguir de una tirada la tranquilidad, el poder y el amor. Creo que en este caso la posibilidad está más abierta que nunca, el pobre Hamlet tiene un ataque de nervios, cree ver un fantasma, y acaba con su pobre tío, que es todo un señor.

La actuación de Jacobi es lo que se pide habitualmente para el personaje, además demuestra un gran control de la voz y la expresión corporal, pero parece un poco esos cantantes de blues que desnaturalizan las canciones añadiendo gorgoritos en cada frase para lucirse.
Por su parte, Stewart no hace ni un gesto de más, ni un intento de parecer duro o malvado, deja que el personaje hable por sus actos.

En fin, nada huele a podrido en esta Dinamarca, porque estas versiones de la BBC son siempre respetuosas y cuidadas.

El niño caprichoso acaba destruyendo la familia de su amada Ofelia, sin más, mientras que no se atreve con su supuesto enemigo hasta que los hechos se consuman por sí mismos. ¡Pero qué mal me cae Hamlet!


sábado, 15 de noviembre de 2014

Cimbelino - 1983 - BBC Shakespeare Collection


Este drama de Shakespeare nos cuenta la historia de Cimbelino, o Cymbeline, o Cunobelinus, rey de los bretones en tiempos de Augusto, nieto de Cassivellaunus, el jefe que pide ayuda a Asterix, en "Asterix en Bretaña", que, como es de suponer está tan basado en hechos reales como la propia historia de Shakespeare.

Así, como hemos dicho en otras ocasiones que Shakespeare apoya sus obras "situada" en la antigüedad romana en las "Vidas" de Plutarco, las que transcurren en la antigua Inglaterra lo hacen, al menos en parte, en las llamadas "Crónicas de Holinshed", y éste es el caso también de Cimbelino.

La obra tiene al menos dos lecturas interesantes.

Una referida a la literatura, es muy oportuna para el análisis de la comedia, el drama y la tragedia, en unión a las obras cómicas de las que ya hemos hablado, como: "Bien está lo que bien acaba", y a las trágicas como: "La tragedia de Coriolano" o "Romeo y Julieta". Si Woody Allen intentó un análisis sobre la marcha de la comedia y la tragedia en "Melinda y Melinda", el mismo análisis se puede hacer a través de las obras de Shakespeare.

La estructura de este drama y el de una comedia es prácticamente la misma, con engaños similares, amores, y los mismos equívocos, la diferencia es sólo el tono en el que hablan los personajes, y la intensidad el peligro, porque también en las comedias los personajes temen por su vida, pero de otra manera. Se puede decir que el drama es un intermedio entre la comedia y la tragedia, porque tiene componentes de ambos géneros, es algo así como una tragedia con final feliz, o una comedia con pretensiones. La tragedia por su parte tiene como componente fundamental la muerte y la violencia, que la recorren del principio al final.

La otra lectura de la obra, es la del personaje de Cimbelino, que no tiene "más minutos" que su hija Imogena (Imogen), pero es quizás un personaje más sencillo, además de ser el rey, y, al estilo de las tragedias, es prácticamente un arquetipo, representando el orgullo como rey frente a la humildad en lo doméstico. Cimbelino es un monarca absoluto, pero es su mujer, que además es la madrastra de Imongena, quien le dirige en sus actos de gobierno, y en sus decisiones personales. Como se ve Blancanieves no es una obra original del todo, y los arquetipos funcionan.

Finalmente, de una forma un tanto apresurada, al estilo de las comedias, pero también al de su época, se resuelve la historia, aclarándose todos los equívocos, y ocupando cada uno su lugar. Se termina porque sí la guerra entre los bretones y los romanos, los que se quieren seguirán juntos para siempre, los malos todos muertos, y los buenos obtienen su recompensa ¡Cómo la vida misma!