En su libro sobre política, Hobbes, compara al Estado con el monstruo por excelencia: el Leviatán. No se trata de analizar el libro, del que recuerdo sólo algunos principios, como el de que la legalidad es el criterio objetivo para separar lo bueno y lo malo en lo público, todo lo demás son opiniones.
En realidad lo único que hago en este artículo es robar el nombre y la metáfora, para contar que, de la misma manera que si hubiéramos criado un cocodrilo intentaríamos tenerlo siempre bien alimentado, no vaya a ser que en un momento dado quisiera revolverse contra nosotros o contra los nuestros, así políticamente debemos cuidar del Estado, como algo que queremos (y necesitamos), pero también como una bestia capaz de devorarnos.
¿Por qué sacar ahora este tema? Porque la monstruosidad del estado se deja ver ahora como nunca en la vida de la mayor parte de nosotros.
Vemos como nuestra libertad de movimientos se ha recortado prácticamente hasta el mínimo posible, por unas causas y de una manera que ha hecho incluso imposible que fuéramos consultados. Realmente nadie, o muy pocos, ha decidido encerrarse, e, incluso para aquellos que lo hubieran hecho voluntariamente, la obligatoriedad hace que no sea un acto de libertad. Este comentario no es una crítica a la medida, que cada día parece que es más necesaria, que se debió incluso haber tomado bastante antes, sino una llamada a aprovechar esta oportunidad para observar el terrible abismo que, incluso en democracia, separa al estado del individuo.
Llevado por la necesidad de El Estado, el ciudadano español, como muchos otros en distintas democracias, se ve ahora reducido a ser pura carne de cañón, pura carne de estadística (en el límite, estadística que decide quien vive y quién muere), limitado es sus movimientos más de lo que lo estuvo incluso durante la dictadura, sintiendo en su propia piel lo que es la opresión, reducido provisionalmente al mínimo en su ciudadanía, y esto es una experiencia que debemos atesorar para más tarde.
La democracia desde el punto de vista individual, queda reducida a unos comportamientos que poco tienen que ver con el Estado: hacer las cosas bien, tratar bien a quienes están con nosotros y a aquellos con quienes nos cruzamos, cuidarnos y cuidar de otros.
El estado, incluso el democrático, tan necesario como es, queda desnudo como el gigantesco monstruo que también es, monstruo necesario, pero que al mismo tiempo que nos cuida nos devora.
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miércoles, 25 de marzo de 2020
lunes, 16 de marzo de 2020
El político desde su sillón
El político desde el sillón sonríe paternalmente, las personas se ven como hormiguitas, piensa, unas pululan de aquí para allá, van y vienen, a veces trazan círculos incomprensibles, zinzaguean, casi se puede decir que vibran por la ciudad.
Intentando descubrir algún orden en todo ese caos, el político desde el sillón observa también las mareas; por la mañana sube la marea y las hormigas van a sus puestos de trabajo, más deprisa, más despacio, bien por su cuenta, bien en trenes o metros; por la tarde baja la marea y vuelven a sus casas, a refugiarse del nuevo enemigo, y el político sonríe desde el sillón: todo va bien. Ahora muchas hormigas se tienen que quedar en casa, el político sonríe desde el sillón: todo va bien. Las hormigas salen a aplaudir, él sale también, propone, lidera, difunde, ahora rostro serio: todo va bien.
El político desde su sillón se hace las pruebas a ver si está malo, el marido del político se hace las pruebas, los hijos del político se hacen las pruebas, los amigos del político se hacen las pruebas, el cuñado del político se hizo las pruebas la semana pasada, tres primos del político están haciéndose las pruebas y hablan de lo mal que va todo con tres futbolistas, que se hacen las pruebas. Las hormigas van a trabajar, tosen un poco, quizás, pero no les hacen pruebas: paracetamol y mucha agua, y, si te sientes sospechoso, quédate en casa, sé responsable, si te ves bien, pues vida normal.
El político va a reuniones, sale al sillón del jardín y sonríe, aunque es una sonrisa preocupada por todos esos que no pueden elegir, que no eligen quedarse en casa, que no eligen ir a trabajar, que no eligen nada, sólo le eligen a él para ocupar su sillón. Piensa que tendrá que escribir unas líneas, quizás salir en televisión, porque muchos necesitan de sus palabras de dureza y ánimo, su gesto de responsabilidad.
Además, piensa, algún día esto pasará, y tiene que poner las bases para asegurar el máximo número de sillones posibles.
Intentando descubrir algún orden en todo ese caos, el político desde el sillón observa también las mareas; por la mañana sube la marea y las hormigas van a sus puestos de trabajo, más deprisa, más despacio, bien por su cuenta, bien en trenes o metros; por la tarde baja la marea y vuelven a sus casas, a refugiarse del nuevo enemigo, y el político sonríe desde el sillón: todo va bien. Ahora muchas hormigas se tienen que quedar en casa, el político sonríe desde el sillón: todo va bien. Las hormigas salen a aplaudir, él sale también, propone, lidera, difunde, ahora rostro serio: todo va bien.
El político desde su sillón se hace las pruebas a ver si está malo, el marido del político se hace las pruebas, los hijos del político se hacen las pruebas, los amigos del político se hacen las pruebas, el cuñado del político se hizo las pruebas la semana pasada, tres primos del político están haciéndose las pruebas y hablan de lo mal que va todo con tres futbolistas, que se hacen las pruebas. Las hormigas van a trabajar, tosen un poco, quizás, pero no les hacen pruebas: paracetamol y mucha agua, y, si te sientes sospechoso, quédate en casa, sé responsable, si te ves bien, pues vida normal.
El político va a reuniones, sale al sillón del jardín y sonríe, aunque es una sonrisa preocupada por todos esos que no pueden elegir, que no eligen quedarse en casa, que no eligen ir a trabajar, que no eligen nada, sólo le eligen a él para ocupar su sillón. Piensa que tendrá que escribir unas líneas, quizás salir en televisión, porque muchos necesitan de sus palabras de dureza y ánimo, su gesto de responsabilidad.
Además, piensa, algún día esto pasará, y tiene que poner las bases para asegurar el máximo número de sillones posibles.
martes, 10 de marzo de 2020
¡Conspiración!
Hoy leo al periodista José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, considero que es un opinador moderado, a quien merece la pena leer, por lo general.
Sin embargo en esta ocasión me parece un artículo ridículo, en el que llama teoría conspiratorias a opiniones como la que expresé yo en el artículo de ayer. Este es un recurso facilón e indigno, sobre todo porque no ofrece ninguna otra teoría, conspiratoria o no, sobre la inacción del gobierno. El artículo no ofrece ni información ni argumentos, simplemente busca el sometimiento del lector, y por extensión del español, a sus tesis, en pro de un supuestamente ciego bien común.
¿Por qué el gobierno español no ha hecho nada hasta ahora? Porque desde el principio ha asumido que la enfermedad se propagaría.
Por lo tanto ha preferido que sea lo más rapido posible, y su trabajo se limita a labores de contención de la información, no de la enfermedad.
Ahora que el virus está ya en todas partes, ni siquiera suben de escenario, sino que intensifican el actual, esto es, más de lo mismo.
Esta es mi teoría, y desde luego no dejaré de pensar así porque la llamen conspiratoria o de cualquier otra manera,sino porque alguien me ofrezca mejores argumentos y/o información sobre lo que está pasando.
Sin embargo en esta ocasión me parece un artículo ridículo, en el que llama teoría conspiratorias a opiniones como la que expresé yo en el artículo de ayer. Este es un recurso facilón e indigno, sobre todo porque no ofrece ninguna otra teoría, conspiratoria o no, sobre la inacción del gobierno. El artículo no ofrece ni información ni argumentos, simplemente busca el sometimiento del lector, y por extensión del español, a sus tesis, en pro de un supuestamente ciego bien común.
¿Por qué el gobierno español no ha hecho nada hasta ahora? Porque desde el principio ha asumido que la enfermedad se propagaría.
Por lo tanto ha preferido que sea lo más rapido posible, y su trabajo se limita a labores de contención de la información, no de la enfermedad.
Ahora que el virus está ya en todas partes, ni siquiera suben de escenario, sino que intensifican el actual, esto es, más de lo mismo.
Esta es mi teoría, y desde luego no dejaré de pensar así porque la llamen conspiratoria o de cualquier otra manera,sino porque alguien me ofrezca mejores argumentos y/o información sobre lo que está pasando.
lunes, 9 de marzo de 2020
Todos con coronavirus, como niños con sarampión
Cada momento que pasa pienso más que la única política que el gobierno está llevando a cabo respecto al coronavirus es la que todavía se usaba en los años 80, cuando se juntaban niños para que pasaran juntos el sarampión, y de esta forma se evitaban las complicaciones de la enfermedad cuando se contrae de adulto.
O sea, en mi opinión, la opción del gobierno es diagnosticar lo menos posible, para que no inflen las cifras de afectados, y los servicios de salud "aguanten", y mientras no hacer nada, de manera que el virus se contagie según su propio impulso, y la crisis pase lo antes posible, con el número de afectados que sea, eso no les importa, pero el menor número de diagnosticados posible, eso sí es fundamental.
No sé si alguien ha intentado hacerse la prueba, yo sí, y me hablan de personas en el mismo caso, algo de fiebre, tos, trabajando de cara al público, pero da igual, en el teléfono de información me dicen que si paso de 38º C o tengo dificultades al respirar que llame al 112, esto es, me curarán una neumonia, y no quieren que sea un fallecido (gracias), pero no tienen ningún interés en diagnosticarme, por lo visto esto se contagia en el contacto mucosa con mucosa, o sea, complicado, vida normal.
Reconozco que, al principio cuando se hablaba de la poca agresividad del virus, yo también, tontamente, pensé "¿A qué tanto alboroto?, que lo suelten por ahí y nos inmunizamos pasándolo" (desde mi completa ignorancia médica, obviamente). Ahora veo que es la política a seguir.
Creo que hay pocas conclusiones que se pueden sacar de la vergonzosa comunicación del gobierno (¿Alguien se considera orientado o siquiera informado con los comentarios del portavoz Simón?), y por supuesto, de la falta absoluta de medidas.
Otra vergüenza es la continua referencia a las enfermedades previas y a la edad de los fallecidos, hoy mismo leía un artículo en el que se indicaba una mortandad entre del 2-4% ¡Y se consideraba muy baja!. En España, quizás en el mundo, siempre queremos sentirnos a salvo, y los más mezquinos suelen encontrar la misma fórmula para sentirse seguros: "ALGO HABRÁ HECHO".
miércoles, 10 de abril de 2019
Programa VOX - Punto 10
Con este punto se cierra el capítulo de España, unidad y soberanía del programa, sin duda el primero no sólo en el orden de presentación, sino en la importancia que podría alcanzar VOX dentro de la política española.
10. Supresión del Concierto Económico Vasco y el Convenio Navarro y la incorporación de ambas regiones y sus Diputaciones Forales al Régimen Común.
Estaba ya claro, no es más que un corolario al resto de las medidas, es tan redundante que sólo se explica su inclusión en el programa por el hecho de que el partido quiera explicitarlo, recalcar que quiere acabar con la especificidad política de Navarra y País Vasco, que va más allá del sistema autonómico, al menos tal y como se entiende para el resto de España.
Quizás a la ampliación de un sistema parecido al Vasco es a lo que se refieren algunos al referirse a la España federal como solución al independentismo, al menos allí parece funcionar, de momento. El problema es que obtendríamos una España más bien irreal, escrita en un papel, un mapa de ninguna parte condenado a desaparecer.
Como decía, la disolución del Estado autonómico que se plantea en los puntos anteriores harían innecesario concretar la situación del País Vasco y Navarra, pero, siendo un tema siempre polémico, se comprende que se quiera explicitar.
De hecho, al concluir este capítulo, creo que se podría (o debería) haber quedado en un sólo punto:
6. Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario que promueva la igualdad y la solidaridad en vez de los privilegios y la división. Un solo gobierno y un solo parlamento para toda España. Como paso previo: devolución inmediata al Estado de las competencias de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia limitando en todo lo posible la capacidad legislativa autonómica.
Casi todo lo demás vendría "por añadidura", y lo que no se pueda incluir en este punto, o pierde sentido, o mejor no hacerlo.
martes, 9 de abril de 2019
Programa VOX - Punto 9
Quizás lo más sorprendente de este punto no es lo que dice, que hasta cierto punto es previsible, sino su inclusión en el capítulo "España, unidad y soberanía", quizás la ley de memoria histórica requiera un capítulo aparte, por lo alejada que está de otros asuntos políticos. La ley de Memoria Histórica es política pura, en el peor sentido de la palabra, es un garrote que se han inventado para que nos peguemos unos a otros.
9. Derogación inmediata de la Ley de Memoria Histórica. Ningún parlamento está legitimado para definir nuestro pasado, y menos excluyendo a los españoles que difieren de sus definiciones. No puede utilizarse el pasado para dividirnos, al contrario, hay que homenajear conjuntamente a todos los que, desde perspectivas históricas diferentes, lucharon por España.
En cuanto al contenido de la Memoria Histórica, el propio nombre es terrorífico, precisamente lo que es memoria no es historia, y viceversa, si es que la historia es una ciencia, y no sólo "el pasado". Personalmente me parece correcto que se vayan sustituyendo símbolos de la dictadura por otros más actuales, que representen nuestra democracia, o sus valores, pero hacerlo de manera sistemática y con aparente prisa, no tiene mucho sentido, más de cuarenta años después del fin de la dictadura. El caso es que la expresión "memoria histórica" no oculta su intención de hacer actual nuestra memoria sobre la guerra civil.
Son muchos los avisos de que la guerra del 36 y la dictadura franquista, en lugar de seguir el proceso normal de "pasar a la historia", están más presentes que hace 20 años. Yo lo recuerdo igual; en mi niñez el tema todavía era casi actualidad, la gente hablaba mucho de Franco, a favor y en contra, pero luego en mi adolescencia y "primera juventud" (permítanme fingir que hay varias), el recuerdo se fue diluyendo, y las disputas políticas trataban de aquel presente: de si un partido u otro, de impuestos, de empleo, de ETA, etc. Hoy el tema ha vuelto, es hora de cerrar las heridas, abriéndolas.
Creo que ayer mismo escuchaba por televisión como un politólogo hablaba, para dotarse de autoridad moral, de sus dos abuelos muertos en la guerra civil. Imposible que tenga un recuerdo personal de ellos, sin duda esas muertes sucedieron muchos años antes del nacimiento del politólogo en cuestión. ¿Entonces? Otro éxito de la memoria histórica.
La última frase del punto me recuerda a una columna escrita por Pérez Reverte hace poco sobre los héroes, en el cual venía a decir que son independientes de los bandos por los que luchan. No puedo estar de acuerdo con esa opinión, sin duda puede haber valor y cualquier otra virtud, digamos, funcional, en cada bando, incluso puede ser respetado por el bando contrario, pero el héroe siempre es de un partido, y si parece que no lo es, seguramente es porque no hemos examinado bien de qué guerra, o de qué bandos estamos hablando.
La solución más fácil es la que toma Pérez Reverte (implicitamente) y VOX (explícitamente), todos son héroes porque todos son de España, sólo que entonces nos falta la referencia externa, ¿España contra quién o contra qué?
VOX dice que lucharon por España "desde perspectivas históricas diferentes", pero creo que no, que precísamente la perspectiva histórica era la misma, como no puede ser de otra manera, lo que lucharon es desde posturas políticas contrarias.
Así que tengamos cuidado.
jueves, 21 de marzo de 2019
Programa VOX - Puntos 7 y 8
En estos días en que VOX vuelve a dar titulares con su propuesta de facilitar a los españoles la compra de armas, lo cual, junto con la elección del feminismo como tema principal, nos deja ver la deriva que va eligiendo este partido, desde la derecha nacionalista hacia la derecha sensacionalista. Hoy avanzamos dos puntos, relacionados entre sí, y dentro del capítulo, todavía, de unidad y soberanía.
7. Intensidad y determinación en las acciones diplomáticas para la devolución de Gibraltar, y el desmantelamiento de las redes de piratería, narcotráfico, contrabando y blanqueo de capitales que se extienden desde la colonia.
Este séptimo punto es, al menos, modesto, aunque quizás no lo parezca en un primer momento, porque parece que ofrece todo, sin atreverse a ofrecer ni un poco.
Si uno lo lee deprisa, parece que está ofreciendo el "Gibraltar español", por fin, y como bonus acabar con todos los males que aquejan al estrecho y sus alrededores, excepto el paro y la pobreza. Pero si se lee con un poco más de calma, se observa que falta Gran Bretaña en la ecuación, porque lo que dice el artículo es que habrá acciones diplomáticas intensas, o sea, que prácticamente es un artículo en duermevela, murmurando: "Sí, nos acordamos de Gibraltar, pero como no hay nada que hacer, soñemos".
8. Plan integral para el conocimiento, difusión y protección de la identidad nacional y de la aportación de España a la civilización y a la historia universal, con especial atención a las gestas y hazañas de nuestros héroes nacionales.
Esto es nacionalismo puro, historia absurda, llámesele como se quiera, en lugar de sustituir la leyenda negra por historia, seamos audaces, como nuestros héroes nacionales, y sustituyámosla por leyenda rosa, o, en este caso, supongo que azul. Quizás sea inevitable luchar contra un nacionalismo con otro, que avive pasiones y apele a sentimientos, a los mismos pero aplicados a una nación distinta, pero espero que no, que España, que es anterior al nacionalismo, también pueda sobrevivir cuando éste se termine, si alguna vez sucede.
Si en lugar de identidad nacional y gestas, se hablara de historia y sociedad, también de literatura, biología, matemáticas (¿O será Rey Pastor uno de esos héroes?), otro gallo nos cantara, estaríamos en el verdadero camino de los ciudadanos libres.
lunes, 11 de marzo de 2019
Churchill - 2017 - Jonathan Teplitzky
Como ya he escrito hablando de otras películas, no me gustan estos "biopics" en las que presentan personajes políticos en plena decadencia, hacia el final de su vida, como si su principal defecto o característica hubiera sido hacerse mayores, llegar a viejos (personajes como Hoover, Thatcher, Franco). Supongo que puede tener un cierto sentido mostrar débil y pequeña a gente que ha sido tan fuerte y dominante, pero, por lo general, estas personas no fueron conocidas por haber envejecido y muerto, que son circunstancias bastante vulgares, sino por lo que hicieron en la plenitud de sus fuerzas.

Esta película es algo más de lo mismo, pero también algo distinto, ya que el anciano Primer Ministro que nos muestran todavía está en el poder, yo diría que tradicionalmente se considera esa época, precísamente, como el momento de su máxima importancia como dirigente, cuando los aliados desembarcan en Normandía, iniciando el final de la segunda Gerra Mundial.
Pese a esta creencia popular, un gabinete militar, apoyado por el Rey y las potencias aliadas, da un silencioso golpe de estado, desplazando del poder al dirigente democrático, en un momento clave, para hacer prevalecer sus estrategias de solución rápida, sobre las del político, que consisten en ir ganando la guerra poco a poco, por temor a las bajas que pudiera causar el desembarco.
Para justificar el golpe de estado, la película nos hace ver que Churchill lo merece; está ya muy mayor, delira, tiene en demasiada estima su propia capacidad, y, parecen decirnos, el gobernante democrático se cree que su trabajo es gobernar la nación, en lugar de fingir que lo lidera.

Finalmente todo acaba bien: el golpe de estado se justifica por el triunfo del desembarco, el Primer Ministro se conforma con su papel de portavoz de ideas que en su fuero interno rechaza, y todos viven felices y comen perdices. Sólo más allá del político, al hombre le queda el remordimiento por lo que se pudo hacer mejor, pero ya no importa, nos dicen, porque es un anciano alcohólico y depresivo, viejo y cansado, con los nervios deshechos... ya sólo le queda esperar a la muerte de la manera más digna posible.
Así, la emocionante vida de Winston Churchill, se nos quita de delante de un plumazo. No es que se desmitifique su papel en aquella época tan turbulenta, sino que pasa a ser un nuevo Jorge VI de "El Discurso del Rey", un animador, sólo que además, lo hace a regañadientes, en contra de sus ideas y del sistema democrático del que forma parte, que dirige.
Todo esto parece un poco reñido con la realidad, porque Churchill gana de nuevo las elecciones en 1951, y no deja de ser primer ministro hasta más de 10 años después del desembarco, pero eso no tiene mucha importancia, son pequeños detalles.
Es posible, simplificando, que la diferencia entre la realidad y esta ficción, es la misma que la que hay entre las fotos del personaje real y del actor caracterizado. No sé si la historia transcurrió como se cuenta, pero creo y espero que no.
lunes, 4 de marzo de 2019
Programa VOX - Punto 6
Estamos de lleno en el núcleo del programa nacional para VOX, que a la vez debe ser el centro del programa, porque está visto que si se engolfa en temas como la discriminación sexual (ahora "de género"), lo lleva claro, y la gran expansión que esperan será sólo la propia de una burbuja.
6. Transformar el Estado autonómico en un Estado de Derecho unitario que promueva la igualdad y la solidaridad en vez de los privilegios y la división. Un solo gobierno y un solo parlamento para toda España. Como paso previo: devolución inmediata al Estado de las competencias de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia limitando en todo lo posible la capacidad legislativa autonómica.
En este caso llega la clave del programa de VOX para España, y en realidad bastaría con él, porque la unión de cuerpos de policía y demás medidas, parece que estarían incluidas en esta misma, ya que es la inercia localista de las autonomías, no sólo de las que tienen movimientos independentistas, la que lleva a las distintas discriminaciones, y a los intentos por "diferenciarse".
Creo que este punto hay que tomárselo como una voluntad, más que como parte de un programa, ellos mismos lo reconocen, cuando acaban el punto con: "...limitando en todo lo posible la capacidad legislativa autonómica.", extraño final para un principio tan taxativo, si se consigue "un solo gobierno y un solo parlamento para toda España", parecería evidente que la limitación de la capacidad legislativa autonómica sería total.
Esto hoy no es posible, sin duda, pero sí sirve como contrapunto para las ambiciones nacionalistas; cuando se habla de negociar con ellos. Hay otra posibilidad, además de convertir cada negociación en una cesión, y es negociar para ganar, con una España de ciudadanos iguales ante la ley como horizonte al que nunca se debió renunciar.
domingo, 6 de enero de 2019
Programa VOX - Punto 5
Hoy traemos un punto para mí clave de la política autonómica, y por lo tanto también le tendremos que dar la misma importancia dentro del programa de VOX: la existencia de las policías autonómicas.
5. Supresión de las policías autonómicas y, hasta que se haga efectiva, alcanzar
la equiparación salarial real entre el Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil y las
policías autonómicas. Todas las FCSE dependerán en última instancia del Gobierno
Central.
Es un punto clave, no sólo por estar incorporado al asunto más general el de un funcionariado local que cierra las comunidades autónomas en sí mismas, y que convierte las "Nacionalidades Históricas" en una suerte de "profecías autocumplidas". Antes, la Policía Nacional, y por supuesto la Guardia Civil, como el resto de funcionariados, cumplía una labor de intercambio de personas y por lo tanto de ideas y costumbres, dentro de ciudades y pueblos de toda España. Con la llegada de los funcionarios autonómicos este efecto beneficioso del trabajo público se vio disminuido, y al exigir el dominio de la lengua autonómica como requisito previo para acudir a las oposiciones, se remató.
Pero eso no es todo; las fuerzas del orden no son funcionariados equivalentes a los demás, porque son autoridad y son los encargados de hacer cumplir la ley, con lo que son también necesarios para perseguir a cualquier dirigente autonómico dispuesto a incumplirlas, quien necesitará, sino su complicidad, al menos que sus funcionarios miren hacia otro lado. Casi peor: la disposición para cumplir unas órdenes u otras, su deber para con la ley o para con sus jefes, dependerá de la ideología de cada agente o mando.
Queda un último punto, no menos importante: el funcional. Al suceder los atentados islamistas en Cataluña, surgen inmediatamente dudas sobre si ha habido colaboración, al menos intercambio de información entre las distintas policías. En definitiva, quedamos pendientes de averiguar responsabilidades, que nunca quedarán del todo aclaradas porque los más interesados en sembrar confusión son los políticos de un lado o de otro (o de ambos). A veces parece que no nos acabamos de dar cuenta de que España es un país bastante pequeño, y tener fuerzas del orden más pequeñas todavía sólo se explica por motivos políticos que nada tienen que ver con el servicio que estas personas prestan, sino, como decíamos, sino con los intereses políticos de los partidos nacionalistas y sus dirigentes.
Creo que se equivoca VOX al meter en este punto la equiparación salarial, que considero simplemente un anzuelo electoral, pero acierta de pleno en el tema de fondo, y creo que éste es uno de los puntos que llevará a los españoles a taparse la nariz, quizás, respecto a otros temas, y al apresuramiento de este programa demagógico y comercial en muchos puntos y expresiones, de su actual postura respecto a la violencia de género en Andalucía, etc.
Este es uno de los puntos del programa de VOX lleno de verdad y de razón, y que otros partidos como Ciudadanos, el PSOE, o el PP no se han decidido a poner encima de la mesa, al menos no con la fuerza que se necesita.
Si los demás partidos se esfuerzan en convencernos de que van a conseguir que todo siga igual simplemente con no cambiar nada, VOX, a través de estos puntos que realmente pretenden cambiar las cosas, nos va a dar muchas sorpresas en los próximos meses (¿Sorpresas?).
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lunes, 31 de diciembre de 2018
Programa VOX - Puntos 3 y 4
En estos puntos que tratamos hoy, el programa de VOX continúa con la Nación Española, en este caso pasa a lo que podríamos llamar "construcción nacional".
Al contrario de lo que se entiende, y de lo que los nacionalismos y otros hacen creer, la Nación, tal y como funciona realmente, es una construcción del estado, y no al revés, es la consecuencia de la construcción nacional que realiza el estado sobre los distintos grupos que se incorporan a él, no la concreción de ningún espíritu previo, ni pueblo, ni otros inventos. Por eso es tan potente la maquinaria que se pone en marcha en las autonomías gobernadas por independentistas, que tiende a una nueva construcción nacional.
Al contrario de lo que se entiende, y de lo que los nacionalismos y otros hacen creer, la Nación, tal y como funciona realmente, es una construcción del estado, y no al revés, es la consecuencia de la construcción nacional que realiza el estado sobre los distintos grupos que se incorporan a él, no la concreción de ningún espíritu previo, ni pueblo, ni otros inventos. Por eso es tan potente la maquinaria que se pone en marcha en las autonomías gobernadas por independentistas, que tiende a una nueva construcción nacional.
3.Dotar de la máxima protección jurídica a los símbolos de la nación, especialmente la Bandera, el Himno y la Corona. Agravamiento de las penas por las ofensas y ultrajes a España y sus símbolos o emblemas. Ninguna afrenta a ellos debe queda impune.
4.Ninguna administración ni particular puede menospreciar la lengua común de todos, el español. Mucho menos discriminarla. Hay que cumplir estrictamente el mandato constitucional de que todos los españoles tienen derecho a utilizar el español, y el deber de conocerlo. Suprimir el requisito del conocimiento de la lengua cooficial en el acceso a la función pública de forma que se evite cualquier tipo de discriminación.
Lo primero que llama la atención es, de nuevo, el orden de los factores, que algo sí altera el producto, primero los símbolos de la nación, y luego la lengua.
No parece que convenga incluir a la corona como símbolo de la nación, es parte importante, sin duda, del sistema que tenemos, pero es más bien lo contrario de la nación, que es una unión de ciudadanos iguales, es un añadido, que puede tener utilidad, pero difícilmente será parte de la nación, o su símbolo. Por otra parte no deben consentirse pitadas a la bandera, al himno, o al Rey en espectáculos públicos, pero más que por un respeto sacralizante, para sacar la política de muchos ámbitos en los que no aporta más que separación y violencia. Estamos empapados de lucha política, y lo primero que nos conviene en este sentido es secarnos.
Respecto a la lengua, es necesario hacerla realmente una lengua para toda españa, presente en todos los ambitos, cualquier funcionario dentro de España, sea cual sea la administración para la que trabaje, debería conocerla, y debería utilizarla si el ciudadano que hace un trámite así lo solicita, de lo contrario no hay verdadera libertad de movimientos en el país.
Otra buena idea, mucho más importante de lo que pudiera parecer, es hacer ilegal que se pida el conocimiento del idioma autonómico, sea el que sea, para pasar una oposición, esto ha creado unas enormes distorsiones entre opositores, ha generado mucho rencor, funcionando como bloqueo a las oposiciones para "los de fuera" (por ejemplo, entre un opositor cántabro que no se presenta en el País Vasco, mientras que los opositores del País Vasco se presentan en Cantabria, Burgos, Aragón, etc). Ésto no implica que un funcionario de una autonomía o ayuntamiento no conozca la lengua autonómica que corresponda, sino que se vuelva al sistema anterior, que ha perdurado hasta no hace tantos años en algunas autonomías, según el cual se daba un plazo al funcionario para aprender el idioma, después de haber pasado la oposición pertinente. Esta medida es mucho más igualitaria, fomenta el movimiento de personas entre distintas comunidades (claro que esto los nacionalistas quizás no lo consideren una virtud), y sobre todo es un sistema más justo e igualitario.
En conclusión, es importante en lo que se refiere a estos puntos evitar construir un nacionalismo español esencialista, para enfrentarlo al nacionalismo indpendentista. La nación debe tener como bandera la igualdad entre los ciudadanos, que es su base práctica, por eso la lengua es tan importante, y los símbolos menos. El ataque a los símbolos es más bien un síntoma de la guerra que algunos quieren, en la que no conviene entrar, debemos, más bien, ganar batallas a la guerra.
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martes, 1 de mayo de 2018
¡Viva Tabarnia! - 2018 - Albert Boadella
Libro de máxima actualidad, en el que Albert Boadella cuenta el crecimiento y estado actual del independentismo en Cataluña, desde el punto de vista de un observador implicado.
Lo primero que me sugiere el libro es que la portada y título tienen un punto de engaño, seguramente por cuestiones de mercado: parecen sugerir que se trata de una obra de humor, un libro desde Tabarnia, un nuevo capítulo de la farsa, sugiriendo que el presidente en el exilio nos explicará su constitución, o vaya usted a saber.
Pero ésto no es cierto, el libro está escrito en dos partes, y ninguna de ellas es un desarrollo del nuevo país. La primera es una breve biografía del autor, en constante referencia al nacionalismo. La segunda es una descripción del estado actual de la cuestión, a la que se añaden dos capítulos, uno dedicado a Tabarnia y otro al futuro.
Se habla bastante poco de Tabarnia, y cuando se hace es, sobre todo, para tomar precauciones, más que para explicar, casi para pedir disculpas. Boadella no parece tener miedo de ofender a los nacionalistas (más bien parece desearlo), pero sí demuestra temer a que la imitación le salga demasiado bien, a que deje de ser parodia y pase a ser proyecto, a crear un vedadero independentismo de Tabarnia (¿tabarnismo?), y eso se nota demasiado, se vuelve demasiado puritano y por este camino pierde un poco de la perversión de la que presume.
Está escrito en base a unas entrevistas, y eso también se nota mucho: el lenguaje es ligero, sin ningún afán, digamos, literario, hasta el punto de que a veces parece un tanto apresurado, pero también lo hace muy ágil, como si el autor lo contara tomándose un café con el lector, de tertulia.
Una virtud añadida, que procede de esta agilidad, es que parece poco editado, poco maquillado. Se podrían borrar frases y comentarios, quizás añadir otros, para embellecer al protagonista, incluso para dar coherencia y construir un mensaje más compacto, pero no se ha hecho, parecen haberse dejado las entrevistas en crudo, de manera que Boadella queda expuesto, valientemente, con sus debilidades y fortalezas.
Por último, para evitar confusiones, hay que aclarar que las opiniones se dan como una narración, no es un libro repleto de argumentos, no es la mitad unionista del debate sobre el nacionalismo, es más bien la descripción de un paisaje político y social; no intenta tanto deshacer la base teórica del nacionalismo como mostrar el daño que contiene intrinsicamente y el daño que hace a Cataluña el nacionalismo en marcha.
No hace concesiones: nosotros contra ellos. Hay que vencer esta batalla, porque se trata de ellos o nosotros, y ellos son muy peligrosos para todos.
La gran pega del libro, en mi opinión, es la continua metáfora biológica del nacionalismo como enfermedad. Estas metáforas suelen tener mucha fuerza, pero también ser peligrosas, profundamente violentas.
Sin embargo la visión general del libro, la necesidad de presentar batalla continua y en todos los frentes al nacionalismo, más aún cuando se ha desarrollado criminalmente, cuando como ahora es estafador y golpista, es una idea que nos conviene tener presente siempre en esta nuestra España doliente.
Lo primero que me sugiere el libro es que la portada y título tienen un punto de engaño, seguramente por cuestiones de mercado: parecen sugerir que se trata de una obra de humor, un libro desde Tabarnia, un nuevo capítulo de la farsa, sugiriendo que el presidente en el exilio nos explicará su constitución, o vaya usted a saber.Pero ésto no es cierto, el libro está escrito en dos partes, y ninguna de ellas es un desarrollo del nuevo país. La primera es una breve biografía del autor, en constante referencia al nacionalismo. La segunda es una descripción del estado actual de la cuestión, a la que se añaden dos capítulos, uno dedicado a Tabarnia y otro al futuro.
Se habla bastante poco de Tabarnia, y cuando se hace es, sobre todo, para tomar precauciones, más que para explicar, casi para pedir disculpas. Boadella no parece tener miedo de ofender a los nacionalistas (más bien parece desearlo), pero sí demuestra temer a que la imitación le salga demasiado bien, a que deje de ser parodia y pase a ser proyecto, a crear un vedadero independentismo de Tabarnia (¿tabarnismo?), y eso se nota demasiado, se vuelve demasiado puritano y por este camino pierde un poco de la perversión de la que presume.
Está escrito en base a unas entrevistas, y eso también se nota mucho: el lenguaje es ligero, sin ningún afán, digamos, literario, hasta el punto de que a veces parece un tanto apresurado, pero también lo hace muy ágil, como si el autor lo contara tomándose un café con el lector, de tertulia.
Una virtud añadida, que procede de esta agilidad, es que parece poco editado, poco maquillado. Se podrían borrar frases y comentarios, quizás añadir otros, para embellecer al protagonista, incluso para dar coherencia y construir un mensaje más compacto, pero no se ha hecho, parecen haberse dejado las entrevistas en crudo, de manera que Boadella queda expuesto, valientemente, con sus debilidades y fortalezas.Por último, para evitar confusiones, hay que aclarar que las opiniones se dan como una narración, no es un libro repleto de argumentos, no es la mitad unionista del debate sobre el nacionalismo, es más bien la descripción de un paisaje político y social; no intenta tanto deshacer la base teórica del nacionalismo como mostrar el daño que contiene intrinsicamente y el daño que hace a Cataluña el nacionalismo en marcha.
No hace concesiones: nosotros contra ellos. Hay que vencer esta batalla, porque se trata de ellos o nosotros, y ellos son muy peligrosos para todos.
La gran pega del libro, en mi opinión, es la continua metáfora biológica del nacionalismo como enfermedad. Estas metáforas suelen tener mucha fuerza, pero también ser peligrosas, profundamente violentas.
Sin embargo la visión general del libro, la necesidad de presentar batalla continua y en todos los frentes al nacionalismo, más aún cuando se ha desarrollado criminalmente, cuando como ahora es estafador y golpista, es una idea que nos conviene tener presente siempre en esta nuestra España doliente.
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martes, 4 de octubre de 2016
El PSOE y las Terceras Elecciones
Tras el cataclismo del PSOE se escuchan muchas opiniones sobre su futuro, pero casi todas coinciden en que Rajoy conseguirá ser investido presidente, y así el partido socialista tendrá más tiempo para reorganizarse.
Yo no estoy de acuerdo, porque, debido a las demasiado sutiles diferencias ideológicas, y sobre todo prácticas, entre el centro derecha y el centro izquierda, el PSOE (y otros) han convertido el rechazo al PP en el punto fundamental de su programa, y han llevado por ese camino a su electorado (sospecho que no ha sido difícil).
Por ese motivo, creo que se ha entendido mal la rebelión contra Pedro Sánchez, no se trata de ser o no responsable y querer dar gobierno a España, se trata de que Pedro Sánchez estaba demasiado acostumbrado a derrotas históricas, y era demasiado optimista como para pensar que se podrían repetir indefinidamente las derrotas; como dice un candidato a nuevo refrán que se va extendiendo por el pais, y da buena medida de la atmósfera de inteligencia en la que nos vemos sumergidos: Al final todo sale bien, y sino sale bien, no es el final. Éste parece que podría ser el lema del secretario general cesante.
En estas circunstancias, y esta es mi apuesta, lo más probable es que el PSOE nombre, con primarias o sin ellas, un nuevo candidato, confiando en que la renovación de personas se convierta en una cierta recuperación electoral, y vaya de cabeza a las terceras elecciones, dejando que sean las urnas, si acaso, las que lleven al Partido Popular al nuevo gobierno, no ellos.
sábado, 11 de junio de 2016
Política de Trazo Gordo
El objetivo de las distintas ideologías es más o menos el mismo, por mucho que pueda sorprendernos al primer vistazo: favorecer el acceso de los ciudadanos a la clase media para el mayor número posible de ciudadanos, en el límite a todos.
Este objetivo tiene distintos nombres: más a la izquierda se le llama utopía, cuanto más a la derecha nos movamos, más se le irá llamando modelo, pero es sólo cuestión de nombres y tradición.
La clase media no debe considerarse una simple cuestión de estadística, aunque necesariamente tenga mucho que ver con el promedio, también debe tenerse en cuenta el acceso de los ciudadanos a ciertos bienes, como la instrucción, la atención médica, la vivienda, y, por supuesto, la alimentación o el vestido, etc. Y por lo tanto esta clase media es un invento de sociedades avanzadas, y por eso mismo no es un simple cuestión estadística, por ejemplo: una tribu en la que todos sean más o menos igual de ricos o de pobres, no es una tribu de clase media, en el sentido en el que queremos usarla, aunque lo fuera perfectamente en cuanto a la estadística.
En lo que sí se diferencian más las ideologías es en la manera de conseguir estos objetivos.
El centro izquierda tiende a considerar que la generación de riqueza es automática, pero el reparto debe ser forzado, y por eso su modelo necesita un estado que corrija los defectos del mercado y redistribuya la riqueza que se haya generado. Por lo tanto su modelo está enfocado al trabajador y al reparto, considerando, de alguna manera, que siempre hay suficiente para todos, y si a veces parece que no es así, se debe a alguna oculta conspiración. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante un reparto más igualitario.
Por su parte el centro derecha tiende a considerar que la generación de riqueza necesita ayuda, pero que el reparto es automático. Es verdad que este no es el liberalismo que se predica por unos pocos, pero es que por una parte el liberalismo sólo lo defienden algunos políticos como una etiqueta, y, por otra parte, para el centro derecha en España el liberalismo es sólo una capa moderna importada en los últimos años, pero que no parece que se vaya a imponer fuera de las tertulias en los medios. Por lo dicho su modelo está enfocado a la promoción de la empresa, considerada como fuente original de la riqueza, considerando, de alguna manera, que el propio funcionamiento del mercado provocará una distribución genealizada entre los trabajadores, y si a veces parece que no es así, se debe a trabas que ponen al mercado quienes quieren forzar el reparto. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante una mayor producción.
Por su parte, los extremistas de izquierda y derecha piensan que la sociedad sólo funciona cuando se ciñe a un plan que ellos han trazado o heredado. Para implantar dicho plan la libertad tal y como la entendemos normalmente, les sobra, porque las personas tenemos cierta tendencia a la independencia, y enseguida nos salimos de los planes que los demás hacen para nosotros. Por lo tanto sus objetivos pueden ser los mismos que los de las versiones más centradas, pero sus medios son mucho más terribles: necesitan apoderarse de las instituciones para destruir todo aquello que se interponga en su camino actual o previsto para el futuro, necesitan ser totalitarios.
Este objetivo tiene distintos nombres: más a la izquierda se le llama utopía, cuanto más a la derecha nos movamos, más se le irá llamando modelo, pero es sólo cuestión de nombres y tradición.
La clase media no debe considerarse una simple cuestión de estadística, aunque necesariamente tenga mucho que ver con el promedio, también debe tenerse en cuenta el acceso de los ciudadanos a ciertos bienes, como la instrucción, la atención médica, la vivienda, y, por supuesto, la alimentación o el vestido, etc. Y por lo tanto esta clase media es un invento de sociedades avanzadas, y por eso mismo no es un simple cuestión estadística, por ejemplo: una tribu en la que todos sean más o menos igual de ricos o de pobres, no es una tribu de clase media, en el sentido en el que queremos usarla, aunque lo fuera perfectamente en cuanto a la estadística.
En lo que sí se diferencian más las ideologías es en la manera de conseguir estos objetivos.
El centro izquierda tiende a considerar que la generación de riqueza es automática, pero el reparto debe ser forzado, y por eso su modelo necesita un estado que corrija los defectos del mercado y redistribuya la riqueza que se haya generado. Por lo tanto su modelo está enfocado al trabajador y al reparto, considerando, de alguna manera, que siempre hay suficiente para todos, y si a veces parece que no es así, se debe a alguna oculta conspiración. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante un reparto más igualitario.
Por su parte el centro derecha tiende a considerar que la generación de riqueza necesita ayuda, pero que el reparto es automático. Es verdad que este no es el liberalismo que se predica por unos pocos, pero es que por una parte el liberalismo sólo lo defienden algunos políticos como una etiqueta, y, por otra parte, para el centro derecha en España el liberalismo es sólo una capa moderna importada en los últimos años, pero que no parece que se vaya a imponer fuera de las tertulias en los medios. Por lo dicho su modelo está enfocado a la promoción de la empresa, considerada como fuente original de la riqueza, considerando, de alguna manera, que el propio funcionamiento del mercado provocará una distribución genealizada entre los trabajadores, y si a veces parece que no es así, se debe a trabas que ponen al mercado quienes quieren forzar el reparto. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante una mayor producción.
Por su parte, los extremistas de izquierda y derecha piensan que la sociedad sólo funciona cuando se ciñe a un plan que ellos han trazado o heredado. Para implantar dicho plan la libertad tal y como la entendemos normalmente, les sobra, porque las personas tenemos cierta tendencia a la independencia, y enseguida nos salimos de los planes que los demás hacen para nosotros. Por lo tanto sus objetivos pueden ser los mismos que los de las versiones más centradas, pero sus medios son mucho más terribles: necesitan apoderarse de las instituciones para destruir todo aquello que se interponga en su camino actual o previsto para el futuro, necesitan ser totalitarios.
martes, 22 de diciembre de 2015
Resultados electorales para todos los gustos (y disgustos)
Por fin llegaron las elecciones, y parece que llegaba una época de calma, pero no es así, la campaña electoral era la tormenta que presagiaba más tormenta.
El PP ha ganado las elecciones, pero sabe de sobra que tiene poco que celebrar, porque tiene muy difícil formar gobierno, y, lo que es peor, de poco le valdría, porque España es un sistema parlamentario, y un gobierno sin mayoría en el congreso ni se entiende ni es funcional. Como decía el lunes un periodista: puede estar gobernando el PP y mientras tanto derogando la reforma laboral o la ley de educación en el congreso, con eso, creo, está dicho todo. Necesita unas nuevas elecciones.
¡El PSOE ha ganado! Quizás está es la mayor muestra de sinvergonzonería postelectoral. Las encuestas y ciertas formas de comunicación han tomado demasiada fuerza, y parece que a este partido le basta con vencer a las encuestas. Es muy oscuro el futuro del PSOE, si pacta con el PP probablemente se hunda, si pacta con Podemos es ya casi seguro que se hunde... Si no pacta con nadie y fuerza unas nuevas elecciones, es muy posible que acabe hundido... se puede decir de varias formas, pero el fondo es el mismo.
Podemos ha sido el claro ganador de estas elecciones, con casi setenta escaños en su primer intento, algo inaudito en nuestra democracia. Están tan contentos que Pablo Iglesias se atreve a poner como condición para dar su apoyo una reforma constitucional, que por otra parte, si quiere ser profunda, no sería viable sin apoyo del PP, que no parece muy dispuesto. Podemos quiere nuevas elecciones, porque de todos los partidos puede ser el que más claro tiene que quiere gobernar, o César o nada, aunque ellos sólo piensan en César, claro, nada de nada. Toda resistencia es fútil.
Ciudadanos ha perdido las elecciones, esto es difícil de entender, porque ha sacado 40 diputados en su prime intento, que no está nada mal, pero, como casi todos, se enfrenta sobre todo a las encuestas, y dado que hasta hace muy poco era considerado un claro segundo puesto, con posibilidades de ser primero, pues ha perdido. Su papel tras las elecciones ha quedado en poca cosa, ni puede hacer nada solo, ni aliado con el PP o el PSOE, así que depende completamente de lo que hagan los demás, sin que quede muy claro de si le convienen 4 años de asentamiento o la repetición de las elecciones, porque las oscilaciones de estos partidos nuevos parecen enormes, y lo mismo sería un triunfo que un fracaso.
IU también ha perdido, o lo que sea, parece que acabó la campaña con fuerzas renovadas, pero se ha quedado en nada, porque el voto de la extrema izquierda se ha concentrado en Podemos, y no les ha quedado espacio. Su futuro parece estar más en una fusión con el partido violeta (morado, malva) que en una repetición o no de las elecciones.
Los diversos nacionalistas pueden ser importantes en caso de una gran coalición de partidos pequeños (que no perdedores), pudiendo abocarnos a un futuro todavía más incierto.
Personalmente creo que la mejor opción es que se repitan las elecciones, y no parece que vaya a haber muchos partidos en contra, dado que la mayor parte de ellos, y probáblemente los tres mejor situados, creerán más en mejorar sus resultados que en empeorarlos... De lo contrario tendremos que elegir entre un gobierno sin poder o un poder sin gobierno, y ninguna de las dos cosas parece una buena perspectiva para España.
El PP ha ganado las elecciones, pero sabe de sobra que tiene poco que celebrar, porque tiene muy difícil formar gobierno, y, lo que es peor, de poco le valdría, porque España es un sistema parlamentario, y un gobierno sin mayoría en el congreso ni se entiende ni es funcional. Como decía el lunes un periodista: puede estar gobernando el PP y mientras tanto derogando la reforma laboral o la ley de educación en el congreso, con eso, creo, está dicho todo. Necesita unas nuevas elecciones.
¡El PSOE ha ganado! Quizás está es la mayor muestra de sinvergonzonería postelectoral. Las encuestas y ciertas formas de comunicación han tomado demasiada fuerza, y parece que a este partido le basta con vencer a las encuestas. Es muy oscuro el futuro del PSOE, si pacta con el PP probablemente se hunda, si pacta con Podemos es ya casi seguro que se hunde... Si no pacta con nadie y fuerza unas nuevas elecciones, es muy posible que acabe hundido... se puede decir de varias formas, pero el fondo es el mismo.
Podemos ha sido el claro ganador de estas elecciones, con casi setenta escaños en su primer intento, algo inaudito en nuestra democracia. Están tan contentos que Pablo Iglesias se atreve a poner como condición para dar su apoyo una reforma constitucional, que por otra parte, si quiere ser profunda, no sería viable sin apoyo del PP, que no parece muy dispuesto. Podemos quiere nuevas elecciones, porque de todos los partidos puede ser el que más claro tiene que quiere gobernar, o César o nada, aunque ellos sólo piensan en César, claro, nada de nada. Toda resistencia es fútil.
Ciudadanos ha perdido las elecciones, esto es difícil de entender, porque ha sacado 40 diputados en su prime intento, que no está nada mal, pero, como casi todos, se enfrenta sobre todo a las encuestas, y dado que hasta hace muy poco era considerado un claro segundo puesto, con posibilidades de ser primero, pues ha perdido. Su papel tras las elecciones ha quedado en poca cosa, ni puede hacer nada solo, ni aliado con el PP o el PSOE, así que depende completamente de lo que hagan los demás, sin que quede muy claro de si le convienen 4 años de asentamiento o la repetición de las elecciones, porque las oscilaciones de estos partidos nuevos parecen enormes, y lo mismo sería un triunfo que un fracaso.
IU también ha perdido, o lo que sea, parece que acabó la campaña con fuerzas renovadas, pero se ha quedado en nada, porque el voto de la extrema izquierda se ha concentrado en Podemos, y no les ha quedado espacio. Su futuro parece estar más en una fusión con el partido violeta (morado, malva) que en una repetición o no de las elecciones.
Los diversos nacionalistas pueden ser importantes en caso de una gran coalición de partidos pequeños (que no perdedores), pudiendo abocarnos a un futuro todavía más incierto.
Personalmente creo que la mejor opción es que se repitan las elecciones, y no parece que vaya a haber muchos partidos en contra, dado que la mayor parte de ellos, y probáblemente los tres mejor situados, creerán más en mejorar sus resultados que en empeorarlos... De lo contrario tendremos que elegir entre un gobierno sin poder o un poder sin gobierno, y ninguna de las dos cosas parece una buena perspectiva para España.
martes, 8 de diciembre de 2015
El Debate a 4 según Petronio
Las campañas electorales van derivando, en gran medida gracias a los partidos emergentes, hacia la televisión e internet, en lugar de tanta cartelería y mitin (que supongo que por ahí seguirán, pero menos). Se ha hecho obligatorio para partidos y candidatos la presencia continuada en los medios, bien sea en programas especializados y debates, o bien en otros de entretenimiento, donde nos muestran su lado humano (el otro lado no sabemos si es mecánico o divino, bueno, quizá sí lo sepamos).
Sin embargo sí se pueden sacar cosas en claro (¡claro!) y aunque no soy lo que se dice un tío elegante, creo que la ropa elegida por cada participante nos puede valer como hilo conductor.
Pedro Sánchez se vistió de equidistante, a él no le gustaría esta calificación, supongo, pero describe eso tan raro que llevaba, aparentemente el fruto de haber mezclado varios trajes en uno, coincide con la postura desubicada del PSOE en estos momentos, en los que no entienden muy bien porque pierde el PP y ellos no acaban de surgir como alternativa.
Un buen motivo para que no se le vea como alternativa es que su primer dardo fue contra Ciudadanos, sin ninguna necesidad, ya que fue él quién empezó el debate y al elegir rival eligió la batalla por el segundo puesto.
Lo mismo para todo, equidistancia. No tiene mucho que decir de Cataluña, salvo un estado federal que prácticamente nadie quiere y que resultaría inútil para el momento de insurgencia actual; no tiene ideas económicas, salvo que no es Podemos ni PP y respecto a la corrupción no es capaz de salirse del y tú más, por razones obvias: tanto el PP como el PSOE tienen razón cuando se acusan.
Pablo Iglesias parece que llevaba eso que se va poniendo de moda, un look, que es como hacer de todos los días carnaval, lo que pasa es que en lugar de decir que vas disfrazado dices que llevas look motero, rural, profesional, etc.
En su favor diré que llevaba un look Pablo Iglesias bastante correcto. Y es que se ha convertido en una versión atenuada de sí mismo: ahora las camisas son de su talla y también sus ideas van tomando una dimensión más ajustada. Ha dejado atrás buena parte de la rabia y de las ideas, o las expresiones, más absurdas (como su manía de querer dar lecciones de negocios a los banqueros, de gobierno a los gobernantes, de economía a los economistas, etc), y se ha centrado un poco.
Tanto en su lenguaje como en su expresión corporal se ha hecho un buen imitador de Zapatero, y probablemente no le iría mal así, si tuviera más tiempo (el debate ha llegado en un punto de inflexión, creo yo, de las expectativas tanto de Ciudadanos como de Podemos, así que algo de tiempo le queda). Cuando habla de Derecho a Decidir se hace especialmente angelical y llega a decir (creo que escuché bien): "Somos los únicos que podemos garantizar que los catalanes decidan quedarse", estando sobrio.
Albert Rivera iba vestido de experto en Kant, que es un traje del que le costará librarse. Más en serio, parece que quiso aparentar que era el presidente, aunque quizás más de presidente del Santander (en paz descanse), que de presidente del gobierno. De los que estuvieron en el debate es el que más claras cree tener sus opciones a la presidencia, o, al menos, el que más quiere que lo parezca. Pero, aunque Sánchez se esfuerce por darle la razón, de momento parece complicado verle en el papel, aunque estas elecciones abran nuevos caminos.
Creo que a Rivera le favorecen más las entrevistas que los debates. Menos aún puede triunfar en un debate en el que pretende ocupar una posición institucional, como si fueran elecciones a Rey, el hombre de Estado por antonomasia, que personalmente no creo que sea, pero que en todo caso es algo que tendrá que demostrar con los años, no empezar como Papa y luego ya veremos si le hacen obispo.
Soraya Sáenz iba rara, si me permiten el tecnicismo, no se sabe muy bien si iba a salir luego a tomar algo a un sitio bien, o por qué no eligió algo más profesional o más de calle. Aparte de eso, no sé, ni es lo importante, si es muy bajita (alta está claro que no es), pero la verdad es que cuando entraba la cámara desde el ángulo de Pedro Sánchez los cuatro parecían los Dalton y ella diminuta (no sé si eso la benefició o la perjudicó).
Respecto a sus ideas, pues las del PP, nadie espera sorpresas por este lado. Clara respecto al independentismo, lo cual siempre es de agradecer, y oscura respecto a la economía, que parece que no es tan defendible; las cosas no van tan mal como iban, pero tampoco hemos remontado tanto como quiere dejar ver el gobierno, y vender que las cosas "van algo mejor" o "ha cambiado la tendencia" no es tan fácil como parece.
Respecto a la corrupción, es el punto débil del PP y el PSOE, y desde mi punto de vista es suficientemente importante como para que ambos merezcan estar fuera del gobierno muchos años, o incluso desparecer. En el debate algo de "y tú más" y perfil bajo, claro.
Maríano Rajoy usó, probablemente, bata y pantuflas de caña alta, y disfrutaría mucho del debate, y de la buena idea que tuvo al quedarse en casa (o en Doñana).
Ahora viene la pregunta clave ¿Quién ha ganado el debate?
Pues A3 media, claro.
En fin, en estas circunstancias se ha dado un debate a cuatro, que desde mi punto de vista es difícil que no resulte aburrido, porque los participantes lógicamente se dispersan y se ven hasta cierto punto obligados a elegir entre soltar su rollo, disparar a discreción, o fijarse un objetivo y olvidarse de los demás.
Sin embargo sí se pueden sacar cosas en claro (¡claro!) y aunque no soy lo que se dice un tío elegante, creo que la ropa elegida por cada participante nos puede valer como hilo conductor.
Pedro Sánchez se vistió de equidistante, a él no le gustaría esta calificación, supongo, pero describe eso tan raro que llevaba, aparentemente el fruto de haber mezclado varios trajes en uno, coincide con la postura desubicada del PSOE en estos momentos, en los que no entienden muy bien porque pierde el PP y ellos no acaban de surgir como alternativa.Un buen motivo para que no se le vea como alternativa es que su primer dardo fue contra Ciudadanos, sin ninguna necesidad, ya que fue él quién empezó el debate y al elegir rival eligió la batalla por el segundo puesto.
Lo mismo para todo, equidistancia. No tiene mucho que decir de Cataluña, salvo un estado federal que prácticamente nadie quiere y que resultaría inútil para el momento de insurgencia actual; no tiene ideas económicas, salvo que no es Podemos ni PP y respecto a la corrupción no es capaz de salirse del y tú más, por razones obvias: tanto el PP como el PSOE tienen razón cuando se acusan.
Pablo Iglesias parece que llevaba eso que se va poniendo de moda, un look, que es como hacer de todos los días carnaval, lo que pasa es que en lugar de decir que vas disfrazado dices que llevas look motero, rural, profesional, etc.
En su favor diré que llevaba un look Pablo Iglesias bastante correcto. Y es que se ha convertido en una versión atenuada de sí mismo: ahora las camisas son de su talla y también sus ideas van tomando una dimensión más ajustada. Ha dejado atrás buena parte de la rabia y de las ideas, o las expresiones, más absurdas (como su manía de querer dar lecciones de negocios a los banqueros, de gobierno a los gobernantes, de economía a los economistas, etc), y se ha centrado un poco.
Tanto en su lenguaje como en su expresión corporal se ha hecho un buen imitador de Zapatero, y probablemente no le iría mal así, si tuviera más tiempo (el debate ha llegado en un punto de inflexión, creo yo, de las expectativas tanto de Ciudadanos como de Podemos, así que algo de tiempo le queda). Cuando habla de Derecho a Decidir se hace especialmente angelical y llega a decir (creo que escuché bien): "Somos los únicos que podemos garantizar que los catalanes decidan quedarse", estando sobrio.
Albert Rivera iba vestido de experto en Kant, que es un traje del que le costará librarse. Más en serio, parece que quiso aparentar que era el presidente, aunque quizás más de presidente del Santander (en paz descanse), que de presidente del gobierno. De los que estuvieron en el debate es el que más claras cree tener sus opciones a la presidencia, o, al menos, el que más quiere que lo parezca. Pero, aunque Sánchez se esfuerce por darle la razón, de momento parece complicado verle en el papel, aunque estas elecciones abran nuevos caminos.Creo que a Rivera le favorecen más las entrevistas que los debates. Menos aún puede triunfar en un debate en el que pretende ocupar una posición institucional, como si fueran elecciones a Rey, el hombre de Estado por antonomasia, que personalmente no creo que sea, pero que en todo caso es algo que tendrá que demostrar con los años, no empezar como Papa y luego ya veremos si le hacen obispo.
Soraya Sáenz iba rara, si me permiten el tecnicismo, no se sabe muy bien si iba a salir luego a tomar algo a un sitio bien, o por qué no eligió algo más profesional o más de calle. Aparte de eso, no sé, ni es lo importante, si es muy bajita (alta está claro que no es), pero la verdad es que cuando entraba la cámara desde el ángulo de Pedro Sánchez los cuatro parecían los Dalton y ella diminuta (no sé si eso la benefició o la perjudicó).
Respecto a sus ideas, pues las del PP, nadie espera sorpresas por este lado. Clara respecto al independentismo, lo cual siempre es de agradecer, y oscura respecto a la economía, que parece que no es tan defendible; las cosas no van tan mal como iban, pero tampoco hemos remontado tanto como quiere dejar ver el gobierno, y vender que las cosas "van algo mejor" o "ha cambiado la tendencia" no es tan fácil como parece.
Respecto a la corrupción, es el punto débil del PP y el PSOE, y desde mi punto de vista es suficientemente importante como para que ambos merezcan estar fuera del gobierno muchos años, o incluso desparecer. En el debate algo de "y tú más" y perfil bajo, claro.
Maríano Rajoy usó, probablemente, bata y pantuflas de caña alta, y disfrutaría mucho del debate, y de la buena idea que tuvo al quedarse en casa (o en Doñana).
Ahora viene la pregunta clave ¿Quién ha ganado el debate?
Pues A3 media, claro.
martes, 6 de octubre de 2015
Las Falacias Nacionalistas
Un día se despertó el líder Mas, el rey Artur, como suele llamarle Carlos Alsina en Más de Uno, y descubrió que Cataluña estaba oprimida por España y que necesitaba urgentemente ser liberada, si es posible bajo su mandato, y con un 3% de comisión por las molestias.
Esta revelación personal transmitida directamente de la boca de la diosa Estelada a la oreja del rey Artur ha catalizado el nacionalismo catalán, sacando a la luz una verdad cada día más evidente: tras 30 años de negociaciones y concesiones a la autonomía, llega un momento en que queda poco más que decidir: "Independencia sí, independencia no".
La primera falacia política que se carga en España está relacionado con un término tan oscuro y mitológico como "pueblo", bajo el sencillo silogismo de que "si vivimos en una democracia, el pueblo tiene derecho a decidir", sólo que ese pueblo no se sabe muy bien donde empieza y donde acaba. Según la constitución la soberanía es del pueblo español, según Más es del pueblo Catalán, y según el derecho de autodeterminación en principio puede ser de cualquiera que se declare a sí mismo "pueblo", por ejemplo, Villabajo puede estar deseando independizarse de Villarriba, y como pueblo tendrá "derecho a decidir".
El caso es que hablar de "pueblo" es tratar una multitud de personas como si sólo fueran una, con una sola opinión (la voluntad popular) y por supuesto una unidad de destino en lo universal, como diría Franco, otro nacionalista, aunque de un tipo distinto.
Es difícil librarse del peso de este lastre, porque además nos han convencido a los españoles de que la nacionalidad es un tema de sentimiento, si un director de cine (por ejemplo) se siente micronesio, pues no tiene ninguna importancia que sea español, porque la nacionalidad la llevamos en el corazoncito, y micronesio será, porque de sentimientos es difícil discutir.
Otra falacia, o conjunto de ellas, es el debate sobre Europa que se ha generado en la campaña electoral: ¿Son los catalanes europeos ciudadanos de la Unión Europea? Pues lo cierto es que sí, porque son españoles. Pero todo el mundo sabe que no existe nada llamado "nacionalidad europea", no hay un DNI europeo que no sea el DNI español, o la ID card que corresponda. Por lo tanto cuando dicen que Europa no puede echar a cuatro millones de europeos que viven en Cataluña tiene toda la razón, pero precisamente lo que intenta demostrar el nacionalismo es que ellos si quieren se van, y que además tienen todo el derecho de hacerlo. El sofisma por lo tanto consiste en decir que me están echando cuando lo que intento es irme por mi cuenta.
A este debate le ha salido otro nudo secundario: ¡Los catalanes no perderían la nacionalidad europea porque tienen la española!, lo cual es cierto, como decíamos, pero queda por saber si una Cataluña y España independientes admitirían la doble nacionalidad española y catalana, de lo contrario se podrían encontrar con un país con 2 millones de nacionales y 2 millones de extranjeros, ciudadanos del país del que se acaban de independizar ¿Tiene esto algún sentido? ¡Claro que no! Pero es una muestra inmejorable de los sofismas y las falsas discusiones a las que nos han arrastrado.
Además, hay una tendencia en la propaganda política que no deja de crecer, hasta que parece abarcarlo todo, y es tratar todo lo que se persigue como si fuera algo que ya se ha dado con anterioridad, y además era mejor que lo que tenemos actualmente. Así, se habla de "reunificación" de Europa, de "devolver" la independencia a Cataluña o el País Vasco (que nunca han sido estados independientes), incluso de "devolver" el poder al pueblo, eso sí, sin decir cuando ha sido ese pueblo más poderoso y libre que ahora. Lo cierto, lo que es prácticamente imposible de negar, es que el catalán medio, el cántabro medio, el vasco medio, el gallego medio, el madrileño medio, el andaluz medio, nunca ha sido tan libre e igual como ahora, así que más nos conviene mirar hacia el futuro, hacia más libertad y riqueza y no al pasado, a más feudalismo y caciquismo.
La última falacia, que ha cobrado importancia al final de la campaña es la importancia del PP y en concreto de Rajoy (y de Mas, por otra parte): "Cada vez que habla Rajoy crecen los independentistas", incluso uno ha llegado a decir: "A mí Rajoy me ha hecho independentista", me atrevo a suponer que quien dijo semejante cosa estaba poco menos que deseando sufrir esa transformación.
Rajoy y Más son circunstanciales, y el sostenido movimiento de los nacionalistas hacia el independentismo se ha producido a lo largo de los últimos 30 años, en lo que hemos tenido gobiernos del PP y del PSOE y distintos representantes de cada partido. El dar protagonismo a Rajoy es simplemente un intento de convencer a algunos indecisos de que la patada no se le da tanto a España como a Rajoy o al PP, pero realmente no tiene nada que ver (o muy poco) con la realidad de los hechos, es un eslogan más, una mentira más.
Pone Bertolt Brecht en boca de Cicerón la siguiente frase: "La amenaza del levantamiento podía ser un negocio, pero su realidad es la ruina". Esta frase resume bastante bien la situación en la que ha quedado mucha gente tras las elecciones autonómicas catalanas.
Aquellos que han jugado con la idea de que un independentismo que nunca se realiza es una buena forma de negociar continuamente con el gobierno nacional para obtener ventajas, e incluso quienes querían pasar directamente a Europa y ahora se enfrentan a la necesidad de pactar con un partido antieuropeo para poder gobernar.
En definitiva, a lo largo de toda la democracia, y quizás de todas las democracias, cierta clase media alta política y económica, acomodada en sus sinecuras, ha coqueteado con los radicales, pensando que se tranquilizarían al entrar en el reparto de los sobres correspondientes, pero a veces no es así, hay un primer despertar en el que uno se da cuenta de que al lado tiene un dinosaurio, que ya siempre seguirá allí.
Por otro lado, para no perder la perspectiva y recordar de quien estamos hablando, añadir que cuando surgió la polémica del 3% Gomaespuma hizo uno de sus teatrillos, en el que se contaba como había una manifestación de empresarios catalanes exigiendo que las comisiones de los políticos fueran solo del 3%, porque pagaban muchísimo más.
Esta revelación personal transmitida directamente de la boca de la diosa Estelada a la oreja del rey Artur ha catalizado el nacionalismo catalán, sacando a la luz una verdad cada día más evidente: tras 30 años de negociaciones y concesiones a la autonomía, llega un momento en que queda poco más que decidir: "Independencia sí, independencia no".
La primera falacia política que se carga en España está relacionado con un término tan oscuro y mitológico como "pueblo", bajo el sencillo silogismo de que "si vivimos en una democracia, el pueblo tiene derecho a decidir", sólo que ese pueblo no se sabe muy bien donde empieza y donde acaba. Según la constitución la soberanía es del pueblo español, según Más es del pueblo Catalán, y según el derecho de autodeterminación en principio puede ser de cualquiera que se declare a sí mismo "pueblo", por ejemplo, Villabajo puede estar deseando independizarse de Villarriba, y como pueblo tendrá "derecho a decidir".
El caso es que hablar de "pueblo" es tratar una multitud de personas como si sólo fueran una, con una sola opinión (la voluntad popular) y por supuesto una unidad de destino en lo universal, como diría Franco, otro nacionalista, aunque de un tipo distinto.
Es difícil librarse del peso de este lastre, porque además nos han convencido a los españoles de que la nacionalidad es un tema de sentimiento, si un director de cine (por ejemplo) se siente micronesio, pues no tiene ninguna importancia que sea español, porque la nacionalidad la llevamos en el corazoncito, y micronesio será, porque de sentimientos es difícil discutir.
Otra falacia, o conjunto de ellas, es el debate sobre Europa que se ha generado en la campaña electoral: ¿Son los catalanes europeos ciudadanos de la Unión Europea? Pues lo cierto es que sí, porque son españoles. Pero todo el mundo sabe que no existe nada llamado "nacionalidad europea", no hay un DNI europeo que no sea el DNI español, o la ID card que corresponda. Por lo tanto cuando dicen que Europa no puede echar a cuatro millones de europeos que viven en Cataluña tiene toda la razón, pero precisamente lo que intenta demostrar el nacionalismo es que ellos si quieren se van, y que además tienen todo el derecho de hacerlo. El sofisma por lo tanto consiste en decir que me están echando cuando lo que intento es irme por mi cuenta.
A este debate le ha salido otro nudo secundario: ¡Los catalanes no perderían la nacionalidad europea porque tienen la española!, lo cual es cierto, como decíamos, pero queda por saber si una Cataluña y España independientes admitirían la doble nacionalidad española y catalana, de lo contrario se podrían encontrar con un país con 2 millones de nacionales y 2 millones de extranjeros, ciudadanos del país del que se acaban de independizar ¿Tiene esto algún sentido? ¡Claro que no! Pero es una muestra inmejorable de los sofismas y las falsas discusiones a las que nos han arrastrado.
Además, hay una tendencia en la propaganda política que no deja de crecer, hasta que parece abarcarlo todo, y es tratar todo lo que se persigue como si fuera algo que ya se ha dado con anterioridad, y además era mejor que lo que tenemos actualmente. Así, se habla de "reunificación" de Europa, de "devolver" la independencia a Cataluña o el País Vasco (que nunca han sido estados independientes), incluso de "devolver" el poder al pueblo, eso sí, sin decir cuando ha sido ese pueblo más poderoso y libre que ahora. Lo cierto, lo que es prácticamente imposible de negar, es que el catalán medio, el cántabro medio, el vasco medio, el gallego medio, el madrileño medio, el andaluz medio, nunca ha sido tan libre e igual como ahora, así que más nos conviene mirar hacia el futuro, hacia más libertad y riqueza y no al pasado, a más feudalismo y caciquismo.
La última falacia, que ha cobrado importancia al final de la campaña es la importancia del PP y en concreto de Rajoy (y de Mas, por otra parte): "Cada vez que habla Rajoy crecen los independentistas", incluso uno ha llegado a decir: "A mí Rajoy me ha hecho independentista", me atrevo a suponer que quien dijo semejante cosa estaba poco menos que deseando sufrir esa transformación.
Rajoy y Más son circunstanciales, y el sostenido movimiento de los nacionalistas hacia el independentismo se ha producido a lo largo de los últimos 30 años, en lo que hemos tenido gobiernos del PP y del PSOE y distintos representantes de cada partido. El dar protagonismo a Rajoy es simplemente un intento de convencer a algunos indecisos de que la patada no se le da tanto a España como a Rajoy o al PP, pero realmente no tiene nada que ver (o muy poco) con la realidad de los hechos, es un eslogan más, una mentira más.
Pone Bertolt Brecht en boca de Cicerón la siguiente frase: "La amenaza del levantamiento podía ser un negocio, pero su realidad es la ruina". Esta frase resume bastante bien la situación en la que ha quedado mucha gente tras las elecciones autonómicas catalanas.
Aquellos que han jugado con la idea de que un independentismo que nunca se realiza es una buena forma de negociar continuamente con el gobierno nacional para obtener ventajas, e incluso quienes querían pasar directamente a Europa y ahora se enfrentan a la necesidad de pactar con un partido antieuropeo para poder gobernar.
En definitiva, a lo largo de toda la democracia, y quizás de todas las democracias, cierta clase media alta política y económica, acomodada en sus sinecuras, ha coqueteado con los radicales, pensando que se tranquilizarían al entrar en el reparto de los sobres correspondientes, pero a veces no es así, hay un primer despertar en el que uno se da cuenta de que al lado tiene un dinosaurio, que ya siempre seguirá allí.
Por otro lado, para no perder la perspectiva y recordar de quien estamos hablando, añadir que cuando surgió la polémica del 3% Gomaespuma hizo uno de sus teatrillos, en el que se contaba como había una manifestación de empresarios catalanes exigiendo que las comisiones de los políticos fueran solo del 3%, porque pagaban muchísimo más.
lunes, 5 de octubre de 2015
Otra nueva campaña electoral
Tras las elecciones autonómicas, que nos han dejado un paisaje muy parecido al anterior, empieza la precampaña extraoficial para las nacionales.
Ciudadanos sube como la espuma, aunque quizás esta comparación sea demasiado ajustada a la realidad como para gustarles, porque la espuma, tal como sube, baja. Tienen que tener cuidado con el papel que ha tomado Albert Rivera en las campañas y el partido, porque cuando se depende de una sola persona bastan un par de frases para echar abajo un partido.
¿Esto ha pasado con Podemos? Pues en cierta manera sí, lo que se llamó "sobreexposición" de Pablo Iglesias, las corruptelas, la antipatía con la que se tratado el asunto de Izquierda Unida y probablemente cierto cansancio respecto a lo que era una presencia desproporcionada en los medios de comunicación, ha convertido a este partido en lo que quizás era previsible: en el sustituto de Izquierda Unida, ni más ni menos. Tiene sin duda cierto potencial de crecimiento, pero si la economía no desfallece parece probable que Podemos se estanque como tercera o cuarta fuerza política, con un poder similar al IU de Anguita, que no está nada mal.
El PP no sale en mala posición: el hecho de que los resultados en Cataluña no hayan sido definitivamente separatistas y que la economía parezca aguantar hacen que vea crecer sus posibilidades de cara a las nacionales. No han gestionado mal el tema de la independencia, desde mi punto de vista, si se considera que ya es el momento de cerrar las negociaciones autonómicas importantes y empezar a pensar en una España que ya se conoce y mira hacia adelante, no siempre en proceso de construcción. Los defectos del PP, los ya conocidos: la antipatía y hasta cierto punto el desprecio a la comunicación, como si sólo hubiera que contar con nosotros cada cuatro años, y la corrupción, por supuesto, que les hace merecedores de pasar a un segundo plano durante unas décadas.
El PSOE no sale mucho mejor parado. Han tenido el acierto, al menos, de renovar su líder, aunque quizás podían haber buscado un candidato (o candidata) con algo más de profundidad, que sea capaz de algo distinto a repetir tópicos vacíos, y que marcara la dirección del partido, que puede ser la de España, para las próximas décadas. También tiene lo suyo de corrupción, y quizás lo más adecuado hubiera sido sustituir PP y PSOE por UPyD y Ciudadanos, o jugar con cuatro partidos nacionales de centro, limitando el poder de los demasiado contaminados PP y PSOE, pero esa opción parece que se queda atrás dada la fuerza del bipartidismo tradicional.
Este es el punto de partida para la nueva campaña, sólo sabremos lo que realmente significa en el punto de llegada.
Ciudadanos sube como la espuma, aunque quizás esta comparación sea demasiado ajustada a la realidad como para gustarles, porque la espuma, tal como sube, baja. Tienen que tener cuidado con el papel que ha tomado Albert Rivera en las campañas y el partido, porque cuando se depende de una sola persona bastan un par de frases para echar abajo un partido.
¿Esto ha pasado con Podemos? Pues en cierta manera sí, lo que se llamó "sobreexposición" de Pablo Iglesias, las corruptelas, la antipatía con la que se tratado el asunto de Izquierda Unida y probablemente cierto cansancio respecto a lo que era una presencia desproporcionada en los medios de comunicación, ha convertido a este partido en lo que quizás era previsible: en el sustituto de Izquierda Unida, ni más ni menos. Tiene sin duda cierto potencial de crecimiento, pero si la economía no desfallece parece probable que Podemos se estanque como tercera o cuarta fuerza política, con un poder similar al IU de Anguita, que no está nada mal.
El PP no sale en mala posición: el hecho de que los resultados en Cataluña no hayan sido definitivamente separatistas y que la economía parezca aguantar hacen que vea crecer sus posibilidades de cara a las nacionales. No han gestionado mal el tema de la independencia, desde mi punto de vista, si se considera que ya es el momento de cerrar las negociaciones autonómicas importantes y empezar a pensar en una España que ya se conoce y mira hacia adelante, no siempre en proceso de construcción. Los defectos del PP, los ya conocidos: la antipatía y hasta cierto punto el desprecio a la comunicación, como si sólo hubiera que contar con nosotros cada cuatro años, y la corrupción, por supuesto, que les hace merecedores de pasar a un segundo plano durante unas décadas.
El PSOE no sale mucho mejor parado. Han tenido el acierto, al menos, de renovar su líder, aunque quizás podían haber buscado un candidato (o candidata) con algo más de profundidad, que sea capaz de algo distinto a repetir tópicos vacíos, y que marcara la dirección del partido, que puede ser la de España, para las próximas décadas. También tiene lo suyo de corrupción, y quizás lo más adecuado hubiera sido sustituir PP y PSOE por UPyD y Ciudadanos, o jugar con cuatro partidos nacionales de centro, limitando el poder de los demasiado contaminados PP y PSOE, pero esa opción parece que se queda atrás dada la fuerza del bipartidismo tradicional.
Este es el punto de partida para la nueva campaña, sólo sabremos lo que realmente significa en el punto de llegada.
domingo, 19 de julio de 2015
El Capital en el Siglo XXI - 2013 - Thomas Piketty
Estamos sumergidos en un marasmo de opiniones económicas sin explicación previa, nos pasa un poco como con la Física, que nos enfrentamos a noticias y reportajes sobre los últimos avances de la disciplina, sin que nadie nos explique la base sobre la que se elevan, de manera que acabamos teniendo una falsa sensación de conocimiento; un tipo muy abundante de mitología que consiste en creer ver el mundo con la claridad de un flash, precisamente en aquellos puntos donde ni siquiera nos hemos dado una vuelta con una antorcha.
Y en este pecado caen fácilmente los divulgadores, siempre con el compromiso de elegir entre enseñar y entretener. Los más conocidos, quizás Freakonomics y El Economista Camuflado se alejan tanto de la disciplina que a menudo sus libros son sólo una forma de Sociología basada en la Estadística (algo que ellos mismos llamarían Economía, probablemente, pero que está lejos de la Economía Política de la que hablamos hoy, y de lo que entendemos habitualmente por Economía). Es cierto que también ha habido libros de cierto éxito, como Mil Millones de Mejillones, que han procurado dar una verdadera explicación de lo que es y como funciona la economía, y también, en otro tono, hace muchos años que en Estados Unidos un economista como Galbraith ha intentado la divulgación técnica desde el principio de su carrera como escritor.
Mucho peor es cuando bajamos un escalón desde los libros a las distintas tertulias, columnas, etc. en las que nos presentan las conclusiones de su ciencia, si se puede llamar así, pero conclusiones tan contradictorias y simplificadas que para quien intenta tener una idea general sirven más de niebla para ocultar que de luz para entender (¿Qué ciencia es esta en la que cada científico o divulgador tiene una "opinión" contraria al de al lado?).
Con todos estos antecedentes nos enfrentamos ahora a un libro que se mueve entre la divulgación y en ensayo, y éste es probablemente su peor defecto en cuanto al lector, es demasiado árido para resultar entretenido como divulgación, y no sé si demasiado básico para ser un libro tomado en serio por los técnicos (aunque parece que cierta polémica sí ha despertado). Su propósito se va mostrando más bien político, en cuanto a que todo el fondo de datos y explicaciones en realidad se enfoca a convencer al lector de la importancia ciertos problemas y la propuesta de soluciones.
Hasta cierto punto resulta un alivio su lectura, sobre todo de los últimos capítulos, una vez superada la parte de series históricas de datos, porque nos presenta otra economía posible, algo que en la época del pensamiento único es muy de agradecer. El pensamiento único ha hipertrofiado al listillo que, lo mismo en la barra del bar que en la tertulia pública, se las da de gran conocedor de la disciplina sólo porque sabe repetir las cuatro recetas que nos dan como desayuno, comida y cena los economistas de cabecera.
Este también es un libro de recetas, que conste, baste decir que considera lo más fácil del mundo quitar toda la deuda pública de un plumazo, imponiendo un impuesto sobre el capital, sobre los grandes capitales, sin hacer el hincapié necesario en los medios para ello (transparencia y acuerdo internacional), como si estuvieran al alcance de la mano y fueran sólo una cuestión de voluntad.
Sin embargo incluso aquí se le puede tener simpatía, porque el acabar con esa rendición a la que nos condenan: "No se pueden cobrar muchos impuestos a los más ricos, porque de todas formas se las saben todas y no pagarían", es un objetivo justo que siempre hay que tener en el punto de mira, y es bueno ir dando los pasos que sea posible en esa dirección, en lugar de la contraria, que hoy parece triunfar, y que consiste en hacer de todos los países paraísos fiscales, y "todo resuelto".
Aviso, como decía al principio, que es un libro árido en su desarrollo, pero interesante e instructivo, y a su manera refrescante en el núcleo de su mensaje, que inspira confianza en la posibilidad de un espacio real entre las ideas económicas que funcionan en todo el mundo y las alternativas más diluyentes.
Merece la pena la formación de ideas alternativas de cierta solvencia, no necesariamente para imponerse, pero al menos sí para liberarnos del pequeño espacio ideológico que ha quedado a nuestro alcance y agrandar lo que debería ser un mundo entero de alternativas entre el odioso liberalismo y el triste Podemos (o el odioso Podemos y el triste liberalismo, que ambas calificaciones pueden y deben usarse).
Y en este pecado caen fácilmente los divulgadores, siempre con el compromiso de elegir entre enseñar y entretener. Los más conocidos, quizás Freakonomics y El Economista Camuflado se alejan tanto de la disciplina que a menudo sus libros son sólo una forma de Sociología basada en la Estadística (algo que ellos mismos llamarían Economía, probablemente, pero que está lejos de la Economía Política de la que hablamos hoy, y de lo que entendemos habitualmente por Economía). Es cierto que también ha habido libros de cierto éxito, como Mil Millones de Mejillones, que han procurado dar una verdadera explicación de lo que es y como funciona la economía, y también, en otro tono, hace muchos años que en Estados Unidos un economista como Galbraith ha intentado la divulgación técnica desde el principio de su carrera como escritor.Mucho peor es cuando bajamos un escalón desde los libros a las distintas tertulias, columnas, etc. en las que nos presentan las conclusiones de su ciencia, si se puede llamar así, pero conclusiones tan contradictorias y simplificadas que para quien intenta tener una idea general sirven más de niebla para ocultar que de luz para entender (¿Qué ciencia es esta en la que cada científico o divulgador tiene una "opinión" contraria al de al lado?).
Con todos estos antecedentes nos enfrentamos ahora a un libro que se mueve entre la divulgación y en ensayo, y éste es probablemente su peor defecto en cuanto al lector, es demasiado árido para resultar entretenido como divulgación, y no sé si demasiado básico para ser un libro tomado en serio por los técnicos (aunque parece que cierta polémica sí ha despertado). Su propósito se va mostrando más bien político, en cuanto a que todo el fondo de datos y explicaciones en realidad se enfoca a convencer al lector de la importancia ciertos problemas y la propuesta de soluciones.Hasta cierto punto resulta un alivio su lectura, sobre todo de los últimos capítulos, una vez superada la parte de series históricas de datos, porque nos presenta otra economía posible, algo que en la época del pensamiento único es muy de agradecer. El pensamiento único ha hipertrofiado al listillo que, lo mismo en la barra del bar que en la tertulia pública, se las da de gran conocedor de la disciplina sólo porque sabe repetir las cuatro recetas que nos dan como desayuno, comida y cena los economistas de cabecera.
Este también es un libro de recetas, que conste, baste decir que considera lo más fácil del mundo quitar toda la deuda pública de un plumazo, imponiendo un impuesto sobre el capital, sobre los grandes capitales, sin hacer el hincapié necesario en los medios para ello (transparencia y acuerdo internacional), como si estuvieran al alcance de la mano y fueran sólo una cuestión de voluntad.
Sin embargo incluso aquí se le puede tener simpatía, porque el acabar con esa rendición a la que nos condenan: "No se pueden cobrar muchos impuestos a los más ricos, porque de todas formas se las saben todas y no pagarían", es un objetivo justo que siempre hay que tener en el punto de mira, y es bueno ir dando los pasos que sea posible en esa dirección, en lugar de la contraria, que hoy parece triunfar, y que consiste en hacer de todos los países paraísos fiscales, y "todo resuelto".
Aviso, como decía al principio, que es un libro árido en su desarrollo, pero interesante e instructivo, y a su manera refrescante en el núcleo de su mensaje, que inspira confianza en la posibilidad de un espacio real entre las ideas económicas que funcionan en todo el mundo y las alternativas más diluyentes.
Merece la pena la formación de ideas alternativas de cierta solvencia, no necesariamente para imponerse, pero al menos sí para liberarnos del pequeño espacio ideológico que ha quedado a nuestro alcance y agrandar lo que debería ser un mundo entero de alternativas entre el odioso liberalismo y el triste Podemos (o el odioso Podemos y el triste liberalismo, que ambas calificaciones pueden y deben usarse).
jueves, 8 de enero de 2015
Di NO a la Edad Media
El atentado de ayer en París nos pone delante otra vez el terrorismo islámico como fuerza en auge en la política mundial.
Digo política porque la diferencia entre el terrorismo y otros tipos de delincuencia es precísamente su intención de presionar políticamente, y no me refiero al sentido débil de la política, que también, no sólo se trata de cambiar los programas de los partidos, sino de cambiar nuestra posición, la de los ciudadanos, como agentes nucleares de la política en democracia, en favor de una determinada postura, mediante el terror.
En este caso el atentado se ha dirigido contra la prensa, cubriendo de esta manera un objetivo simbólico, y uno práctico, relacionados entre sí. En cuanto al simbolismo está claro: se debe terminar la libertad de expresión, sólo se puede decir lo que ellos permitan. El objetivo práctico es ir a los distribuidores de opinión, que funcionan, aunque sólo hasta cierto punto, como fuente de donde manan los tópicos que todos acabamos manejando y meterles miedo, de manera que cada vez que se escriba (o dibuje) sobre temas relacionados con el islamismo o la religión musulmana, se lo piensen dos veces, maticen, cedan...
Desde mi punto de visa los medios de comunicación han tratado bien este atentado, sobre todo aquellos que han decidido publicar las viñetas consideradas blasfemas. El camino para luchar contra el terrorismo debe pasar, sin duda, por no ceder ni un paso en nuestros derechos y plantarles cara allí donde se presente oportunidad, sin dejar resquicios para que entre el miedo, sin plantearnos siquiera la opción de obececer a quienes nos amenazan.
Hablando de resquicios, ayer se leía en algún comentario y pie de foto, como se "ejecutaba" a uno de los policías asesinados. No se puede caer en los mismos errores que se cometieron en la lucha contra ETA, empezando por estas licencias literarias, metáforas, o como se les quiera llamar, ayer no se ejecutó a nadie en París, se cometieron diversos asesinatos.
Por ser crímenes de finalidad política, los asesinatos terroristas tienen una cualidad especial: nos hacen a todos víctimas, hoy todos somos un poco humoristas, todos un poco polícias...
Digo política porque la diferencia entre el terrorismo y otros tipos de delincuencia es precísamente su intención de presionar políticamente, y no me refiero al sentido débil de la política, que también, no sólo se trata de cambiar los programas de los partidos, sino de cambiar nuestra posición, la de los ciudadanos, como agentes nucleares de la política en democracia, en favor de una determinada postura, mediante el terror.
En este caso el atentado se ha dirigido contra la prensa, cubriendo de esta manera un objetivo simbólico, y uno práctico, relacionados entre sí. En cuanto al simbolismo está claro: se debe terminar la libertad de expresión, sólo se puede decir lo que ellos permitan. El objetivo práctico es ir a los distribuidores de opinión, que funcionan, aunque sólo hasta cierto punto, como fuente de donde manan los tópicos que todos acabamos manejando y meterles miedo, de manera que cada vez que se escriba (o dibuje) sobre temas relacionados con el islamismo o la religión musulmana, se lo piensen dos veces, maticen, cedan...
Desde mi punto de visa los medios de comunicación han tratado bien este atentado, sobre todo aquellos que han decidido publicar las viñetas consideradas blasfemas. El camino para luchar contra el terrorismo debe pasar, sin duda, por no ceder ni un paso en nuestros derechos y plantarles cara allí donde se presente oportunidad, sin dejar resquicios para que entre el miedo, sin plantearnos siquiera la opción de obececer a quienes nos amenazan.
Hablando de resquicios, ayer se leía en algún comentario y pie de foto, como se "ejecutaba" a uno de los policías asesinados. No se puede caer en los mismos errores que se cometieron en la lucha contra ETA, empezando por estas licencias literarias, metáforas, o como se les quiera llamar, ayer no se ejecutó a nadie en París, se cometieron diversos asesinatos.
Por ser crímenes de finalidad política, los asesinatos terroristas tienen una cualidad especial: nos hacen a todos víctimas, hoy todos somos un poco humoristas, todos un poco polícias...
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