sábado, 11 de junio de 2016

Política de Trazo Gordo

El objetivo de las distintas ideologías es más o menos el mismo, por mucho que pueda sorprendernos al primer vistazo: favorecer el acceso de los ciudadanos a la clase media para el mayor número posible de ciudadanos, en el límite a todos.

Este objetivo tiene distintos nombres: más a la izquierda se le llama utopía, cuanto más a la derecha nos movamos, más se le irá llamando modelo, pero es sólo cuestión de nombres y tradición.

La clase media no debe considerarse una simple cuestión de estadística, aunque necesariamente tenga mucho que ver con el promedio, también debe tenerse en cuenta el acceso de los ciudadanos a ciertos bienes, como la instrucción, la atención médica, la vivienda, y, por supuesto, la alimentación o el vestido, etc. Y por lo tanto esta clase media es un invento de sociedades avanzadas, y por eso mismo no es un simple cuestión estadística, por ejemplo: una tribu en la que todos sean más o menos igual de ricos o de pobres, no es una tribu de clase media, en el sentido en el que queremos usarla, aunque lo fuera perfectamente en cuanto a la estadística.

En lo que sí se diferencian más las ideologías es en la manera de conseguir estos objetivos.
El centro izquierda tiende a considerar que la generación de riqueza es automática, pero el reparto debe ser forzado, y por eso su modelo necesita un estado que corrija los defectos del mercado y redistribuya la riqueza que se haya generado. Por lo tanto su modelo está enfocado al trabajador y al reparto, considerando, de alguna manera, que siempre hay suficiente para todos, y si a veces parece que no es así, se debe a alguna oculta conspiración. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante un reparto más igualitario.

Por su parte el centro derecha tiende a considerar que la generación de riqueza necesita ayuda, pero que el reparto es automático. Es verdad que este no es el liberalismo que se predica por unos pocos, pero es que por una parte el liberalismo sólo lo defienden algunos políticos como una etiqueta, y, por otra parte, para el centro derecha en España el liberalismo es sólo una capa moderna importada en los últimos años, pero que no parece que se vaya a imponer fuera de las tertulias en los medios. Por lo dicho su modelo está enfocado a la promoción de la empresa, considerada como fuente original de la riqueza, considerando, de alguna manera, que el propio funcionamiento del mercado provocará una distribución genealizada entre los trabajadores, y si a veces parece que no es así, se debe a trabas que ponen al mercado quienes quieren forzar el reparto. De manera que el acceso de la mayoría a la clase media se consigue mediante una mayor producción.

Por su parte, los extremistas de izquierda y derecha piensan que la sociedad sólo funciona cuando se ciñe a un plan que ellos han trazado o heredado. Para implantar dicho plan la libertad tal y como la entendemos normalmente, les sobra, porque las personas tenemos cierta tendencia a la independencia, y enseguida nos salimos de los planes que los demás hacen para nosotros. Por lo tanto sus objetivos pueden ser los mismos que los de las versiones más centradas, pero sus medios son mucho más terribles: necesitan apoderarse de las instituciones para destruir todo aquello que se interponga en su camino actual o previsto para el futuro, necesitan ser totalitarios.



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