Platón nos muestra en este diálogo la conversación entre uno de los grandes presocráticos: Parménides, y el propio Sócrates, aunque éste se retira pronto del debate para ser una especie de testigo-alumno, que aprende del anciano eleata no sólo su modelo respecto a la unidad del Ser, sino su método dialéctico. En el diálogo se encuentra también presente Zenón, el más famoso discípulo de Parménides, célebre entre otras cosas por sus aporías, pero el grueso de la conversación y de la argumentación es desarrollada por el anciano. La réplica no se la da Sócrates, sino Aristóteles, no el filósofo, sino un político que luego formará parte de los treinta tiranos de Atenas.
Parten del mundo de las ideas de Sócrates/Platón, que son desarrolladas hasta descubrir sus incoherencias, para luego pasar al análisis dialéctico de la unidad y la pluralidad.
El método consiste en suponer que algo, primero la unidad, luego el ser y el no-ser, existe, y sacar las consecuencias lógicas de su existencia, para comprobar si la suposición es coherente con las consecuencias. Así que se trata de un método apagógico, de reducción al absurdo.
Como se decía, Platón describe en este diálogo las incoherencias de su propio sistema de las ideas como parte de un mundo completamente separado del nuestro, de manera que posteriormente se verá obligado a tender puentes para evitar esa separación.
Este diálogo no tiene conclusión por parte de Sócrates, al finalizar las explicaciones de Parménides, finaliza también el propio diálogo.
