
Se trata de una superproducción de Hollywood, y tiene como protagonista principal nada menos que a Marlon Brando, como Marco Antonio, a quien da el mesurado contrapunto James Mason como Bruto.
La obra de Chéspir no trata de buenos y malos, sino, en todo caso, de grandeza contra bondad, pero a todo sobrevuela la presencia de César, un poco señor mayor, pero todavía el gran héroe de la antigüedad. Por una parte Bruto encarna lo bueno de Roma y de la ética, aunque lidere un grupo de rebeldes de honradez dudosa y finalmente asesinos; por otra, Marlon Brando interpreta su personaje considerándole malvado, sólo se salva en un par de escenas, por amor a su amigo, y reconociendo el valor de su enemigo. Esta dialéctica choca con el muro de no poder convertirse en una apología del magnicidio de César, este hecho impide que la historia sea la del martirio de unos libertadores frente a la tiranía.
La Roma que nos presenta no sé si es real, pero sí es bonita y hasta cierto punto natural. Se aleja de versiones más teatrales de la obra y de la ciudad, huyendo de trajes y ambientes más planos, dando color y variedad (aun siendo la película en blanco y negro).
Merece la pena en todos los sentidos: como cine, como Chéspir, como entretenimiento... no sé si es una obra maestra, pero sí una autentica guía, una señal de como el cine comercial puede ser también valiente y ambicioso.
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