jueves, 17 de febrero de 2022

Cármides o de la sabiduría - Platón

El contexto de este diálogo puede resultar algo llamativo: Sócrates regresa de la batalla de Potidea, dónde ha servido como soldado, un día antes de la llegada del grueso del ejército que ha vencido a Corinto y Potidea, batalla en la que por supuesto él mismo ha cumplido con su deber.

Una vez en la ciudad, se pasa por la palestra de Tauras, como quien dice el gimnasio, o la sauna, sin otra intención que ver quién anda por ahí, reencontrarse con viejos amigos y demás, pasando un poco de largo. Sin embargo, su amigo Querefón, "tan loco como siempre", quien además está en el origen de la búsqueda socrática de la sabiduría, tal y como cuenta Platón en la Apología, sale a por él y le lleva junto con el grupo con el que está hablando, en él se encuentra también Critias, otro amigo del filósofo.

Tras un rato dedicado a contar lo que ha sucedido en la batalla, enseguida Sócrates pregunta por "los jóvenes", y si hay alguno que destaque en sabiduría o belleza. Sin duda, contestan, hay uno que supera a los demás en ambos aspectos, un primo de Critias de nombre Cármides, que según hablan entra también en la palestra, y es quien da nombre a este diálogo.

Previamente Sócrates había reconocido que no era la persona más adecuada para juzgar la belleza de los
jóvenes, dado que todos le parecen hermosos cuando están en esa edad, lo cual no quita que al ver al tal Cármides los ojos le hagan chirivitas, y cuando se sienta a su lado pierde hasta el habla, además se pone algo cachondo cuando "mira entre los pliegues de su túnica". Hoy sería un viejo verde, pero la sexualidad y las relaciones han cambiado mucho desde aquellos, tiempos, cuando era una conducta habitual que los señores de cierta edad cortejaran adolescentes. Añado que este diálogo parece más personal que otros, porque Sócrates habla no sólo como parte del diálogo, sino también como narrador en esta introducción, para así poder exponer lo que formaba parte de sus pensamientos, pero no podía expresar en ese mismo momento. Diría que Sócrates está especialmente orgulloso de la "machada" de ligarse al jovencito de moda en Atenas (aunque, recordemos, ésto nos lo cuenta un joven Platón, no directamente Sócrates).

El diálogo empieza al preguntarle Cármides a Sócrates si él conoce algún remedio para el dolor de cabeza, a lo cual éste responde que sí, que unas hierbas, pero que hay que tomarlas con ciertas palabras, con buenos discursos que curen el alma, porque aprendió de un médico tracio que: "Zamolxis, nuestro rey, y por añadidura un dios, pretende que no debe emprenderse la cura de los ojos si la cabeza, ni de la cabeza sin el cuerpo, tampoco la del cuerpo sin el alma". Así que la cura para el dolor de cabeza es curar el alma, para ello, curiosamente, Sócrates le pide al hermoso Cármides que le entregue el alma.

Para empezar hay que decidir si Cármides es sabio, y para ello lo primero es definir correctamente la sabiduría. El joven empieza con definiciones prácticas: la sabiduría es la mesura, es el pudor, o acaso hacer lo que a uno le es propio. Tras leer el Alcibíades uno diría que no va muy desencaminado, siguiendo las propias ideas de Sócrates, pero el filósofo quiere conquistarle, no darle la razón, y se niega a reconocer lo que de bueno tengan las respuestas, se las quita de en medio con florituras y sofismas.

Pasa la discusión a Critias, más mayor y mejor formado, viejo amigo de Sócrates, y poco menos que le cita el Alcibíades, hablándole incluso del "conócete a ti mismo" de Delfos, pero tampoco vale, el filósofo está para deslumbrar y no admite competidores. 

A partir de este momento llegamos al núcleo valioso del diálogo; se aleja un poco Sócrates del tema de la virtud y por ello quizás tenga más sentido leer el Cármides como un relato gnoseológico (si consideramos otros respecto a la sabiduría y la virtud diálogos éticos), nos explica su idea de lo que son las ciencias, y en qué se diferencian de la sabiduría. Incluye ideas valiosas, como que las ciencias son varias, y cada una se dedica a lo suyo, idea que hoy resulta aplastada por la mentalidad reinante respecto a la ciencia, que ya era muy oscura y confusa, y ahora esta oscuridad y confusión se han visto multiplicadas por el COVID y el uso que se ha dado al término como fuente de derecho, en un bucle que todavía no ha terminado. Si las ciencias son así, diríamos, categoriales, no se puede hablar de una ciencia de la ciencia, que no se ocuparía de nada, que no existe, y aunque concediéramos que pudiera existir, no valdría para nada. Por lo tanto, si la sabiduría existe y sirve para algo, no podrá ser la ciencia del saber en general, porque lo que caracteriza a la ciencia, no es el saber, el ser ciencia, sino sus conocimientos particulares.

Finalmente Sócrates renuncia, al menos de momento, a averiguar lo que es la sabiduría, pero acepta encantado que Critias y Cármides se ofrezcan a él para que les enseñe, o al menos les acompañe en la búsqueda. El final del diálogo es la rendición de los amados, deslumbrados, que obligan "violentamente" al amante a aceptarlos.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Primer Alcibíades o de La Naturaleza Humana - Platón

Platón habla con Alcibíades, su gran amado. Quien más tarde será importante político y militar de Atenas entra y sale de los diálogos platónicos, a veces como simple contexto, como en el Protágoras, otras veces con alguna participación, como en El Banquete. En este caso es el interlocutor único de Sócrates, el  protagonista del diálogo.

Alcibíades es de sobra conocido, incluso es protagonista de una de las "vidas" de Plutarco, en comparación con Coriolano, ostentando ambos la triste representación de quienes vencieron primero al frente del ejército de su patria, y después al frente del ejército enemigo. Nuestro protagonista, cual Zelig de Woody Allen, fue un camaleón, capaz de ser el más ateniense en Atenas, el más espartano en Esparta, e incluso el más persa bajo el Gran Rey, siempre armado con su belleza, simpatía, inteligencia, y en general capacidad para seducir a los grandes y liderar a los pequeños. Finalmente, tras luchar en todos los bandos posibles, utilizará su ejército privado para pelear por donde pudo y saquear lo que le dejaron: una de las biografías más singulares de las "vidas".

Pero cuando sucede el diálogo que nos ocupa nada de eso había pasado. Alcibíades es un joven de poco
menos de 20 años, que sin embargo ya va siendo mayor para tener amantes en el sentido griego de la palabra, por ello Sócrates le pregunta si no le extraña que, siendo él quien primero le amó, sea ahora el último en dejarle. En efecto, Alcibíades se pregunta: "¿Qué quieres y qué esperas, cuando te veo, importuno, aparecer siempre y con empeño a todos los parajes adonde yo voy?". En fin, este joven, que tuvo como tutor a Pericles, se va haciendo mayor y quiere entrar en política, lo que en Atenas significaba hablar a la asamblea.

Pero, antes de dirigirse a la asamblea, Sócrates le interroga sobre en qué temas tiene que ser entendido el político: "La paz, la guerra, y cualquier otro tema que atañe a la república", es la conclusión a la que llegan, que el filósofo resume todavía más: "Sobre lo justo y lo injusto". Pero no se puede hablar de aquello sobre lo que no se sabe, y si el joven no se ha preocupado de aprenderlo, ¿Cómo lo va a saber? Alcibíades por una parte reconoce su ignorancia pero por otra piensa que siempre se ha sentido capaz de diferenciar lo justo de lo injusto. Puede que lo haya aprendido del pueblo, pero precisamente este tema es en el que el pueblo se encuentra más en desacuerdo consigo mismo. El pueblo duda sobre lo que es justo, porque no sabe lo que es la justicia, que es lo bueno, y lo bueno es lo útil.

Aparte, aprovechan en un momento dado para echar mierda sobre los hijos de Pericles (estólidos, mentecatos), y sobre el hermano de Pericles, Clinias (un loco). Para explicar que Pericles no había hecho mejores a aquellos sobre los que tuvo responsabilidad.

Continuando con el tema, Sócrates le convence de que debe aprender estas cosas, Alcibíades está de acuerdo, y no le parece difícil ponerse por encima de sus conciudadanos en lo que sea. Pero su ambición es grande, y Sócrates le recuerda que si quiere vencer a los lacedemonios y a los persas, no es a sus conciudadanos a quienes tiene que superar, sino a aquellos, que vienen de mejores familias, y además son más ricos, tienen más medios para educar su cuerpo y su mente (aquí le cuenta un poco todo el oro que tienen los lacedemonios, y la mítica riqueza del imperio Persa).

Para mejorar, Alcibíades debe conocerse a sí mismo, como está escrito en Delfos, sólo es sabiduría ese conocimiento, por eso "todas las artes parecen viles, indignas de una persona decente". Debe tener cuidado de sí, trabajar y ejercitarse en la cualidad principal: gobernar hombres que se sirven de otros hombres.

De esta forma Alcibíades queda convencido de que debe aplicarse a la justicia. Pero Platón, que puede hacer trampa, quizás por conocer ya el futuro de Alcibíades, acaba en boca de Sócrates: "Deseo que perseveres en ese pensamiento, pero te confieso, que sin desconfiar de tu buen natural, temo que la fuerza de los ejemplos que dominan en esta ciudad nos arrollen a ti y a mí".

Así queda dicho que, o la educación con Sócrates no prendió en el alumno, o no era tan útil esa "escuela" como se pensaba.

De esta manera 


martes, 15 de febrero de 2022

La Tragedia de Macbeth - 2021 - Joel Coen

Un nuevo Macbeth que nos trae en este caso Joel Coen.

Tiene muchas cosas buenas, y desde mi punto de vista también algunas regulares. En las buenas está el propio Denzel Washington, que se adapta muy bien al personaje, y lo que quizás pudiera parecer más difícil, también adapta muy bien el personaje a su modo de hablar y actuar, sin tener  miedo al clásico, pero con respeto. Quizás sea la propia adaptación la que no sea muy generosa con él, porque recorta escenas como la de la cena, y además las simplifica, lo cual es una apuesta arriesgada, porque es clave en la historia, y en el desenvolvimiento del personaje. En general es un Macbeth bastante físico, y eso me gusta. De hecho, quizás esto sea pecado, me ha gustado mucho algo que tiene poco que ver con Shakespeare y bastante, supongo, con el director, la anteúltima pelea del protagonista; si se hubiera atrevido a construir un Macbeth así hubiera resultado una versión memorable.

Lo contrario digo de Lady Macbeth, a priori la elección de la protagonista no tiene un "pero": Frances McDormand, musa de los Coen y excelente actriz que no es necesario que yo alabe aquí. Sin embargo hace una Lady Macbeth, un tanto blanda. Tampoco en esto ayuda la adaptación, que en general dificulta las transformaciones de los personajes a base de recortar el texto. Me queda la sensación de que ella es creíble y transmite lo que tiene que transmitir en cada momento, sin embargo el conjunto es una obra en la que Lady Macbeth prácticamente podría desaparecer y se notaría poco, bueno, menos de lo que debiera.


Querría hablar también de lo que hay de más novedoso en esta versión que son las brujas y Ross. La primer aparición de las brujas en esta versión no me gustó nada, me pareció un exceso de creatividad vacía, que sólo se medio sostiene en pie gracias a la actriz que les da vida (Kathryn Hunter). Sin embargo, según avanza la historia, el resto de apariciones de la bruja le da un sentido absolutamente contrario a la historia; ya no son simples narradoras, que dibujan el destino de Macbeth con una profecía autocumplida, sino que son también importantes agentes ocultos en los sucesos que van acaeciendo.

En el mismo sentido puede hablarse de Ross, curiosamente el mismo personaje que utiliza Polansky para darle una vuelta a su versión. El juego de Polansky consistió en convertir a Ross en el malo de la película, en este caso es casi al contrario: es uno de los instrumentos de las brujas para llevar a cabo sus designios, convirtiéndoles al final, a ellas y a él, en un personaje casi bondadoso. Sinceramente son estos juegos los que a mí me gusta buscar ante una nueva versión de Shakespeare, y para mí acierta al plantearlos, aunque se resuelvan unos mejor que otros.

La ambientación no me encanta, una situación intermedia entre el cine y el teatro que he leído que gusta a los críticos, yo hubiera preferido algo más cinematográfico, pero entiendo que es algo personal. No entiendo tampoco muy bien el blanco y negro, estéticamente, resumiría, me ha parecido una especie de mezcla entre la versión de Wells, que ha pasado a ser un clásico, y la mucho más moderna, y mi menos favorita, la de Kurzel, uniendo la sobriedad y el blanco y negro del primero con el preciosismo del segundo.

En conclusión, no creo que sea una versión que pase a la historia, ni falta que le hace, pero sí que es una versión que merece la pena, y que, como tantas otras, y como repito siempre: da mucha envidia, comparando el cariño que los anglosajones tienen a sus clásicos, y el olvido al que aquí parecen condenados los nuestros.




lunes, 14 de febrero de 2022

Critón o el Deber del Ciudadano

En la Apología de Sócrates, Platón nos contaba el juicio y condena a Sócrates, tras el veredicto el filósofo es encerrado, por haberse realizado el juicio durante la peregrinación anual a Delos. Como el propio Platón explica en el Fedón, desde el momento de la salida del barco del puerto de Atenas hasta su regreso, no se podía ejecutar a ningún reo en la ciudad. Al ser Sócrates juzgado al día siguiente de enviar el barco, y además al no encontrarse la travesía libre de problemas aquel año, pasó bastante tiempo entre el juicio y la ejecución.

Critón, uno de los amigos de Sócrates, llega una noche a su celda, tras sobornar a la guardia, y espera a que Sócrates se despierte, sorprendido de verle dormir tan plácidamente mientras espera la muerte. El plan es convencer al filósofo de que aproveche el apoyo de sus amigos para huir de la celda y de la ciudad. Pese a que Sócrates presume a veces de pobre, pertenece a la clase alta de Atenas (no es un artesano, en realidad no se dedica a nada en concreto), y en todo caso sus amigos tienen medios tanto como para sobornar a los guardianes (Critón llega a decir que ni siquiera les saldrá caro, dado que son muy pobres), como para asegurarse de que sus contactos en otras polis se ocupen de que Sócrates viva con tranquilidad económica el resto de sus días. El discípulo no sólo quiere liberar a su amigo, también le da vergüenza que la gente piense que si se llega a la ejecución, sea porque él y sus compañeros han renunciado a liberarle por cobardía. Si Sócrates no quiere comprometerles no debe preocuparse, ya han hablado con otros para hacerlo todo mediante personas interpuestas, si fuera necesario.

Pero Sócrates le dice que lo más importante no es simplemente vivir, sino vivir bien, y que no está en manos del filósofo el decidir en qué momento se puede actuar injustamente, sino que debe procurar actuar siempre de acuerdo a la justicia.

Tras esta argumentación, el filósofo crea un personaje: la Ley, imagina que se cruza con ella cuando intenta fugarse, y le acusa de traidor y desagradecido. ¿Qué derecho tiene Sócrates a saltarse la ley? Si fue la ley ateniense quien le hizo hijo legítimo de sus padres, quien también le ha alimentado y le ha dado una educación, quien ha hecho por él, como por el resto de ciudadanos "todo lo que ha podido". Además, le podría recordar la Ley, hasta su condena Sócrates era especialmente amigo de la ciudad; al contrario que los demás, no se iba de viaje por curiosidad de conocer otras polis, sólo una vez fue a Corinto a presenciar los juegos (los juegos ístmicos, se entiende), y para hacer la guerra cuando la ciudad se lo pidió. De manera que, argumenta la Ley, es mucho morro el disfrutar de la ciudad toda la vida, y sin embargo huir, rompiendo la Ley, cuando es condenado. Si las leyes no le gustaban, ¿por qué no se fue a vivir a Lacedemonia o Creta, ciudades que él mismo considera muy bien gobernadas?

Todavía la Ley tiene otro argumento: ¿Qué va a hacer Sócrates si huye? Si se traslada a una ciudad con buenas leyes, como Megara o Tebas, no será respetado, podrá vivir, pero no podrá tratar con las mejores personas de la ciudad, que le considerarán un prófugo. Si por el contrario se va a Tesalia, donde no impera la ley, podrá divertirles con la historia de su fuga, pero en cuanto intente enseñar sobre la justicia, le echarán en cara su huida.

Por último, algo importante para Sócrates, siempre preocupado por la salvación de su "alma": si él rompe con las leyes atenienses, las leyes del infierno se volverán contra él, por haber tratado tan mal a sus hermanas, las leyes de Atenas.

Sería interesante preguntarnos en qué tipo de "polis" vivimos nosotros. ¿Tenemos leyes envidiables como Creta o Lacedemonia? ¿Al menos España es un buen lugar, donde las leyes son respetadas, como Megara o Tebas? O es más bien una Tesalia, donde no impera la ley... ¿Respuestas?

domingo, 13 de febrero de 2022

Apología de Sócrates - Platón

Escribía hace poco sobre el Eutifrón, o de la piedad, diálogo que transcurre a las puertas donde Sócrates va a ser juzgado, los principales acusadores son Méleto y Ánito, y el jurado está formado por más de 500 ciudadanos de Atenas. Es acusado de corromper a la juventud, de impiedad y de intentar
introducir novedades en la religión de Atenas: "Sócrates es un impío; por una curiosidad criminal quiere penetrar en lo que pasa en los cielos y en la tierra, convierte en buena una mala causa y enseña a los demás sus doctrinas". Esta Apología, nos cuenta el juicio al que el filósofo fue sometido; su defensa (apología), el veredicto y las conclusiones.
Cuando se inicia el diálogo los acusadores ya han hecho sus discursos, frente a los cuales debe defenderse el filósofo, y empieza diciendo que todo lo que han dicho aquellos es mentira, pero también advierte de que no son esos los verdaderos acusadores, sino aquellos supuestos sabios a quienes él ha ido desenmascarando a lo largo de su vida de búsqueda de sabiduría. Son ellos quienes han ido minando la reputación de Sócrates, de manera que los ciudadanos atenienses juzgarán sobre los prejuicios que aquellos han ido sembrando. Sócrates era un auténtico tocanarices, eso hay que reconocerlo, que abordaba a la gente por la calle para hacer preguntas, y encima si intentaban hacerles los listos, les hacía quedar mal a la vista de todo el mundo.

Para explicarse, Sócrates cuenta cómo empezó su búsqueda de la sabiduría, historia que en realidad es una precuela de Blancanieves, como sigue: un amigo suyo, Querefón, se atrevió a preguntarle al oráculo de Delfos si había en el mundo algún hombre más sabio que Sócrates, a lo que la sibila contestó que no. Cuando esta noticia llegó a oídos del filósofo, que no se pensaba sabio, no la entendió, y se puso a pensar qué significado podía tener (porque el dios no podía mentir, claro). Para su búsqueda decidió dirigirse a los que eran considerados más sabios de Atenas, primero los políticos, luego a los poetas y a los artistas, y en todos descubrió que se creían sabios, pero que no lo eran realmente, de manera que él sabía más que ellos, porque al menos "sabía que no sabía". De esta manera a todos interroga, y si mientras tanto se va haciendo fama de sabio es porque quienes escuchan, "piensan que sabe todo lo que descubre que los otros no saben". Esta búsqueda de la sabiduría fue su vida, y le mantuvo tan ocupado que ni pudo ocuparse de la política, ni siquiera de sus propios asuntos, hasta acabar en la pobreza.
También mantiene durante su defensa una discusión con Méleto, el principal acusador quien alega que Sócrates no cree en los dioses, y que "piensa que el Sol es una piedra y la Luna una Tierra". De esto último se defiende diciendo que son las enseñanzas de Anaxágoras de Clazomenes, no suyas, y de lo primero, sobre el ateísmo, les dice que es bien sabido que él se apoya siempre en un demonio personal que le acompaña desde que era niño, protegiéndole de todo mal, y que si cree en los demonios (semidioses, no diablos), necesariamente creerá en los dioses, que son sus padres. Insiste Sócrates en que su misión es convencer a todos de que deben cuidar de su alma, más que de las riquezas o de su cuerpo. 

Si renuncia a una defensa más efectiva, pero más cobarde, presentando a su familia e intentando dar pena, es por respeto a los atenienses; además no tiene miedo, lo mismo que no lo tuvo cuando la tiranía de los treinta le mandó matar a León de Salamina, y él no lo hizo, por ser injusto, dado que los tiranos mandaban a los ciudadanos cometer muchos crímenes de este tipo, para comprometerles.

En resumen, lo que hace Sócrates por encima de todo es explicar que la suya es la defensa de un hombre inocente, de alguna manera exige al jurado que le declare inocente sin defenderse explícitamente de los cargos.
No funciona muy bien (tampoco él pensaba que fuera a funcionar): los jueces le condenan por mayoría de 286 contra 274. 
Ahora tiene la opción de proponerles a los jueces un castigo por su crimen, y les propone recibir el honor de ser alimentado en el Pritaneo a cargo del erario público, uno de los mayores premios que podía hacérsele a un ciudadano (hay que pensar en la sorpresa de los jueces, cuando una persona a punto de ser condenada a muerte, exige que le hagan hijo predilecto, por así decirlo). Sin embargo para cumplir la ley tras este enorme farol, dice que se condenaría a una multa de 30 minas, dado que no le importa el dinero (tampoco tiene tanto, se lo pagarían los amigos). El jurado no acepta la multa, y le condena a muerte.

Tras la sentencia, Sócrates toma de nuevo la palabra para afearles que condenen a muerte a un hombre inocente, quien además tiene 70 años, de manera que están manchando su reputación con poca ganancia, para matar a alguien que de todos modos ya no podía vivir mucho. Hoy podemos decir que tenía razón, porque si bien sabemos que la democracia ateniense era más bien un tipo concreto de aristocracia, también es costumbre citar la condena a muerte de Sócrates como un gran baldón del sistema. En definitiva, para dar la razón a Sócrates, he ilustrado este post con distintas representaciones del juicio de Sócrates (hay muchas más), todas tienen algo en común: no están de acuerdo con la sentencia, por así decirlo.
Respecto a la muerte, acaba el filósofo, si es falta total de conciencia, será descanso; si es paso a una vida mejor, no se puede pedir más. "No hay ningún mal para el hombre de bien, ni durante su vida, ni después de su muerte".

Hoy en día quizás podríamos seguir el mismo camino que siguió Sócrates, nuestra única ventaja es que nosotros ya no pensamos que los políticos en general sean sabios, más bien asumimos que son necesarios. Pero sí aceptamos en este mundo de sobreentendidos, que artistas, comentaristas o cualquier famoso en general, pontifique sobre los temas más variados, nos falta un Sócrates que les interrogue, a ve si tienen algún tipo de sabiduría, o sólo creen tenerla.

Eutifrón o de la Piedad - Platón

Encontramos a Sócrates en un momento crucial: acude al tribunal debido a las acusaciones de corromper a la juventud e introducir novedades en la religión del Estado (para que no mitifiquemos demasiado la democracia ateniense).

Allí se encuentra con el adivino Eutifrón, que va a presentar una acusación de asesinato contra su propio padre por un suceso digno de una peli de Tarantino: uno de los colonos de su padre mató a golpes a uno de sus esclavos, al enterarse, como jefe y propietario, lo encadenó y lo tiró a un pozo, donde debía permanecer mientras enviaba a consultar a los magistrados qué debía hacer con él. Con la respiración dificultada por las cadenas, sin agua ni alimento, el colono murió.

Así pues, tenemos a la puerta de los juzgados a un filósofo como acusado de crímenes religiosos, y a un especialista en religión ateniense, un adivino, como acusador. Es importante este punto, porque la búsqueda de Sócrates se centra principalmente en aquellos que creen saber, pero no saben. Ambos, que se conocen y se tratan con afabilidad, se cuentan respectivamente su caso, y hay que decir que Eutifrón se pone inmediatamente y por entero de parte de Sócrates; no sólo deja claro que le parece imposible que Sócrates haya acudido al tribunal a acusar a otro, sino que considera que quien le acusa: "...atacándote a ti me parece que ataca a su patria en lo que tiene de más sagrado".

Sin embargo, la actitud de Sócrates es la contraria. Desde el principio se nota que le chirría esta acusación contra un padre por el ataque realizado contra un desconocido, que además a su vez había tenido una conducta tan odiosa como matar de una paliza a un esclavo. De manera que decide interrogar al adivino, para profundizar en los motivos que le llevan a tomar esta decisión.

La conversación pasa por lo honesto y deshonesto, lo justo y lo injusto, y su relación con los dioses. El adivino se mete en terreno pantanoso, porque en la religión griega es difícil encontrar algo que "agrade a los dioses", son demasiados en número, así como contradictorios en sus "biografías", en sus actos y opiniones. Además, una vez que se pasa de la conducta general a la puramente piadosa: los sacrificios y las oraciones, descubrimos que los humanos pueden depender del favor de los dioses, pero ellos no dependen en absoluto de los sacrificios de los humanos.

El punto para mí más interesante del diálogo es la duda sobre si la santidad es algo que agrada a los
dioses por propia naturaleza, o si es santo precisamente porque les agrada a los dioses. He aquí una pregunta capaz de remover una religión, no sé si la griega, pero sí las monoteístas. Si la santidad es buena en sí misma, entonces tendríamos una moral superior a Dios, en cuanto a que es algo que Dios mismo tendría que considerar bueno, le guste o no. En caso contrario, si algo es bueno porque le gusta a Dios, estaríamos en un caso parecido, en el cual el Dios monoteísta habría creado cosas santas y otras que no,y nos las habría ofrecido en un juego macabro. La solución, me da la impresión, es hacer el bien una parte de la esencia divina, de esta manera, quizás un atajo, se cortaría el nudo gordiano de la contradicción (todo lo bueno sería Dios). El diálogo no llega a conclusiones, pero es un tema sobre el bien y el mal siempre interesante para reflexionar.

Hoy en día es fácil buscar ejemplos de piedad al estilo de Eutifrón, de fundamentalismo. En las religiones de hoy: la cultura, el pueblo, ¡tantas!b siempre encontraremos multitud de "eutifrones" dispuestos a llevarse todo por delante (especialmente a sus padres), buscando el agrado de un Dios en cuyo culto se consideran expertos.

Esperemos que algún día, como le pasa a Eutifrón, huyan avergonzados, y de paso dejen en paz a sus padres y a los demás.

viernes, 11 de febrero de 2022

La Naranja Mecánica - 1971 - Stanley Kubrick

El año pasado cumplió 50 años este clásico de Kubrick.

Nos cuenta una historia ambientada en un futuro sin especificar, aparentemente cercano, sin ciencia ficción; en un mundo parecido al nuestro en general, con pequeños matices. Más que un mundo futuro, diría, es un mundo "futurista", con las modas y la decoración llevadas al extremo, pero por lo demás no notaríamos mucho la diferencia con nuestro día a día.

La huella que ha dejado esta película es enorme, en cincuenta años se ha ramificado hasta cubrir el cine actual, no es un estilo, ni mucho menos un género, es una forma de mostrar las cosas. Existe una huella estética que marca El Dormilón de Woody Allen y las fantasías de Terry Gilliam, y que llega destilada hasta Los Juegos del Hambre, y tantas otras; pero también marca un estilo para las distopías de los 70, como El Último Hombre o Soylent Green. Más allá de la estética, dejó abierta la puerta al cine ultraviolento de nuestros días, en concreto las distintas personificaciones de El Joker, cómico o dramático, puede ser visto como un nuevo Alex Delarge. En definitiva, por no extenderse hasta el infinito, ¿Cómo no reconocer a los "droogs" en los idiotas ultraviolentos de "El Pacificador"?

¿Y por qué esta huella? Desde mi punto de vista, porque fue una visión acertada del camino que la sociedad en general y la narración en particular empezaba a seguir. La falta de orden, la idea de que las leyes son para que las cumplan los tontos, en todas las esferas de la vida, desde el político que la hace según le convenga hasta el matón que campa por sus respetos en callejones solitarios, se ha abierto paso como parte de la ideología dominante; podemos, quizás, concentrarla en un viejo consejo: "si te están atacando, grita ¡Fuego! para que se acerquen curiosos". La violencia grupal, sea para apoyar otros delitos, para el desahogo de los "guerreros de fin de semana", o para la vejación sexual no nos resulta extraña, está a la orden del día.


En una sociedad que se nos muestra como decadente en general, aunque muy polarizada socialmente, con una clase alta que no parece decaer en absoluto, crece un personaje muy bien adaptado: joven, atractivo, valiente y fuerte, quien, junto con su grupo de amigos y cómplices, disfruta una existencia hedonista; dedicada a extraer de cada momento la mayor satisfacción  mediante la violencia, su gran afición; el sexo; o la música, especialmente la de Beethoven. Mientras tanto ganan algo de dinerillo, porque no son tontos, y saben "monetizar" sus habilidades.

La ultraviolencia

La violencia, la "vieja ultraviolencia" a la que se refiere siempre el protagonista-narrador, está presente en prácticamente todos los personajes, a lo largo de toda la cinta. Sin embargo la mayor parte de ellos tienen un motivo concreto para desear hacer daño a los demás, o al menos una excusa. En el caso de Alex y sus secuaces, el motivo es más general: la diversión.

Hay un enfrentamiento ontológico entre Alex, que deja lisiado a un escritor bienintencionado, viola y provoca la muerte de su mujer, sólo por pasar un buen rato; y la violencia posterior de ese mismo escritor, violencia que disfruta con un paroxismo que nos resulta monstruoso. Alex pega, raja y viola con alegría, con la misma simpatía con la que hace todo, es un espectáculo en sí mismo; realmente es la reencarnación del adorable Gene Kelly. Sin embargo, el vengativo escritor, puede que justo, es puro Mr. Scrooge, es Uriah Heep: el rostro desencajado, grita en solitario y dan ganas de pedir que le inyecten un tranquilizante.

Una comparación parecida puede hacerse con la violencia burocrática de la cárcel, o la científica del tratamiento con el que intentan curarle. La frialdad médico-industrial, la precisión de la tortura y la minuciosidad de los artilugios y tratamientos, el afán de sanear y reconstruir el interior de una persona, a la que posteriormente se suma la teatral demostración de que todo es mentira, de que los preocupados sanadores ocultan una lascivia por la crueldad tan grande o mayor que la del enfermo, todo ello es un frenético combate de boxeo entre distintas violencias: la violencia hedonista del sádico, la violencia justiciera de las víctimas, la violencia mecánica, pero funcionarial, y por eso mismo personal, del sistema.

La sociedad

La sociedad que nos describe la película es una sociedad parecida a la nuestra, aunque con cierta sensación de que las diferencias económicas están acentuadas. El portal del protagonista, como los paisajes urbanos, dan cierta sensación de decadencia, la propia impunidad para el delito deja entrever que hay algo que no funciona bien en todo aquello.

Dentro de la sociedad, y de esta historia, está la política. Un ministro se encarga de elegir a Alex como cobaya para un tratamiento de curación de la violencia, él a su vez es voluntario, porque el tratamiento le ayudará a salir de la cárcel en dos semanas, en lugar de cumplir su larga sentencia. La sociedad es una democracia, como se nota por la presencia de una prensa y una oposición, y un cierto interés continuo en "quedar bien", por parte del ministro. Pero, como sucede hasta en las democracias más perfeccionadas, hay trampas, atajos, y sobre todo propaganda. Como también ocurre seguramente a menudo, el ministro tiene decisión total sobre todos los temas, y acceso garantizado a la cárcel, al hospital, y a donde necesite entrar para cumplir sus propósitos. También suele suceder incluso en los sistemas más establecidos, incluidas las democracias, que tienen enemigos y corren cierto riesgo. No es sólo que pueda degenerar, o perder "calidad democrática", que dirían algunos, también se corre el riesgo de su derogación total como sistema, nos da la pista una frase aparentemente casual del ministro: "pronto necesitaremos sitio en la cárcel para los presos políticos".

En definitiva Alex es un monstruo, que mata, viola y toma lo que quiere en el momento en que lo desea, pero, pese a ello, por su simpatía y atractivo en general, es adecuado para que según intereses de otros se le vayan asignando distintos papeles públicos: sociópata, arrepentido, víctima y mártir. Tras éste último papel se vislumbra, quizás, el de ministro.

La estética

Se ha hablado mucho de lo cuidadoso de la estética en esta película, y es cierto. Todo parece milimétricamente medido: las decoraciones, el vestuario, incluso las conversaciones y las escenas de acción. La peleas son bailes, las conversaciones están deformadas para dar una impresión de falta de instrucción, de catetismo de barrio, pero el tono y lo rotundo de las expresiones, la repetición mántrica de tantas palabras: "Rigth, right, right? Right, right, right.", las continuas rimas sin verso, la entonación, todo conforma una música popular pintada contra un fondo de Beethoven, que lo cubre todo. Repasando los diálogos para escribir esta entrada, veo cada vez con más claridad que son auténticos poemas, poemas ñoños en la forma, infantiles como los protagonistas que los inventan sin querer, pero para mí de una musicalidad excepcional.

Pues así todo, de la misma manera se forman ritmos con la ropa, con las grandes ambientaciones de hormigón, como el túnel y la cárcel, y los modernistas apartamentos y el teatro abandonado. Parece imposible que esos ambientes estén construidos por los protagonistas, más bien serían la herencia de un mundo ya pasado, casi parecen ser los decorados en los que se mueven quienes construyen a los hombres que pasan por allí.

Significado

Parece que un significado que le gustaba a Kubrick es el psicológico, referido al libre albedrío. Se partiría de un hombre natural, se pasaría por el filtro de la domesticación, para luego volver a lo salvaje, o quizás a algo intermedio. Puede que sea cierto, pero para mí desvirtuaría la película, convirtiéndola en una tontería, porque ni el hombre natural utiliza la violencia como diversión, ni el hombre civilizado es un trozo de carne sin voluntad, ni ninguno de los dos casos sería más que una caricatura, y convertiría la película en un chiste mal contado. Creo que por parte del autor de la novela hay una lectura contraria a esta anterior, que explica el título: un hombre que sólo fuera capaz de hacer el bien o el mal, no sería un ser humano, sino una naranja mecánica, algo que parece vivo y jugoso, pero que es sólo un mecanismo muerto. Esa posición, aunque resulta idealista en su planteamiento, al menos incluye de alguna manera una negación de ese mismo idealismo "sobre la marcha", como si dijéramos: existe un bien y un mal, pero no se dan en la realidad (al menos no hipostasiados en un individuo).

En este sentido, la película transmite muchos mensajes contradictorios, de lo cual se podría sacar la conclusión, precisamente, de que no pretende mandar ningún mensaje ético, lo cual tiene su lógica, porque ¿Quién dice que una película tiene que enviar un mensaje ético?

En la primera parte el protagonista es ser demoniaco para todos los que encuentra a su paso, y le va bien; mientras que en la segunda parte el gran agresor, el violento hedonista, se lleva su castigo y sufre. Cada una de sus víctimas se le vuelve a aparecer, como los fantasmas de Dickens, y le devuelve multiplicado el daño recibido: sus padres el daño moral, el mendigo la paliza, sus amigos el desprecio y los golpes, el escritor la vida. Pero la lección que se podría sacar de esta redención viene al menos con dos trampas: la primera, que sólo llega, y sólo puede llegar con el pacifismo impuesto al protagonista, no por convicción; la segunda, que al "curarse de la cura" llega el momento de la restitución, y la promesa de que todas las cosas de las que disfrutaba le serán devueltas, unidas a su integración en una sociedad superior.

Queda seguro mucho por tratar: Malcom McDowell, la petición de Kubrick de retirar la película de los cines ingleses, la polémica política, etc. Así que animo a cualquier lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí, a que bucee un poco por la enorme cantidad de publicaciones que la peli ha generado desde su estreno.