sábado, 19 de enero de 2019

Mi Vecino Totoro - 1988 - Hayao Miyazaki

Todo un clásico de la animación japonesa, más concretamente del estudio Ghibli que tantas alegrías nos ha dado (a quienes nos gustan estas películas, al menos). Mucho antes de El Viaje de Chihiro (2001), quizás la película que realmente le abrió al gran público, Miyazaki realizó esta pequeña gran obra en  la que ya está presente toda su mitología.

Parece normal que un gran escritor o cineasta se repita, y en este caso los puntos en común de muchas de sus películas son numerosísimos: los animales fantásticos, las niñas o adolescentes protagonistas, la naturaleza, el "mundo de los espíritus".

En este caso la película se sitúa en el Japón posterior a la segunda guerra mundial, un profesor universitario se retira al campo con sus dos hijas, mientras su esposa permanece hospitalizada por una larga enfermedad. Pero más que el profesor o sus hijas, la protagonista de la película parece ser la ética de la alegría, que atrae los buenos espíritus y hace que "las cosas salgan". En este sentido el propio Totoro y los pequeños espíritus que les acompañan pueden verse perfectamente como un trasunto de la alegría del padre y de las dos niñas, que lo mismo sirve para alejar a los pequeños espíritus malignos como para hacer crecer árboles de la nada.

Es, quizás, también un canto a lo tradicional, el profesor es padre de arqueología, quizás por eso cuando su hija menor le dice que ha tenido un encuentro con un espíritu, inmediatamente las lleva al templo a dar las gracias al espíritu del bosque. También es tradicional en la narración de las relaciones sociales, dejando entrever la distancia entre el pueblo agricultor y sus hijos y el profesor unversitario y sus hijas, en un equilibrio que parece ser propuesto como ideal.

En definitiva, nos encontramos con el paraiso natural y social, un mensaje sencillo que sólo se matiza por la enfermedad de la madre, que nos recuerda que somos humanos, y que nunca se sabe.


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